Una de las cosas que se aprenden en el erasmus es a disfrutar de los períodos de inactividad, y a prolongarlos indebidamente. En otras palabras, a ser un vago redomado.
Yo, debido a mis peculiares circunstancias y forma de ser, he llegado a la máxima expresión del término. Aunque hay etapas en las que soy limpio, ordenado y responsable; la ley del mínimo esfuerzo a hecho de mí un superviviente nato. Puedo vivir semanas con una nevera vacía, la misma ropa y sin gastarme un céntimo.
Por poner un ejemplo, cuando hago limpieza general de habitación (fenómeno conocido por sus siglas, LGH), procuro que dure lo máximo posible, de modo que limpio hasta los mapas que tengo colgados en las paredes. Desgraciadamente, la alegría al ver dicha habitación limpia y reluciente hacen que no me preocupe por el mantenimiento consecuente, de modo que acelero subconscientemente el proceso de volverla a ensuciar y llenarla de mierda.
Pero nada se nota más la vaguería que con la comida. Generalmente, cada compra me dura una semana, yendo a la compra cada semana y media (o incluso cada dos). Esto hace que en mi nevera haya escasez crónica de alimentos, siendo los que hay, en su mayoría, inservibles. Actualmente dispongo de medio pimiento paprika, mostaza, fideos, pastillas avecrem (bueno, son de marca TESCO), un tomate, pasta para galletas (?), y harina, mucha harina, muchísima harina (tengo más de 3 kilos de harina y nadie comprende el porqué). Y la verdad, uno aprecia la comida más que antes. He llegado a cenar un nuevo plato de mi invención: "salchicha al microhondas", que se trata de una salchicha calentada con este aparato, y después se mordisquea despacio para que dure más.
Uno aprecia la comida que tiene en el plato. Mi compañera Silvia y yo hemos adoptado una nueva doctrina, ideada por el argentino que he mencionado alguna vez por aquí, consistente en el gorroneo puro y duro. La denominamos "facundear", y es la razón por la que siempre se nos ve en las cenas que organizan los diferentes erasmus que son tan estúpidos como para poner el evento en el Facebook. En esas cenas, arramplamos con cualquier objeto comestible, e, incluso, con aquellos que sólo son masticables. "Nunca sabes cuando vas a volver a comer"
Y aquí es cuando explico la razón del título de esta entrada. Al volver de la universidad, cansado tras una larga (já) jornada de trabajo, llego a casa para encontrarme con la nevera vacía. Como todavía no he engañado a ninguna mujer para que me tenga la comida preparada, me veo en la obligación de prepararlo yo mismo. Y en ese momento recuerdo aquel restaurante chino (no son como los de España, sino más guarripeis, estilo kebab, rápido) que está JUSTO enfrente de mi casa. Por poco más de dos euros te dan un plato combinado de arroz tres delicias con pollo agridulce, y te lo llevas Take Away (pronúnciese teic agüei). Y todo eso en menos de 2 minutos, literal, cruzo la calle con el semáforo en verde, pido la comida cuando está en rojo, y cuando está en verde de nuevo cruzo otra vez la calle. Ese chino es la máxima expresión de la vaguería. Y el camarero me conoce
Estos períodos de vagoredomadiedad vienen y van. No os preocupéis, no vivo como un gitano de la Cañada Real, tengo bastante menos dinero. Sin embargo, sirven para darse cuenta de que en el fondo no necesitamos tantas cosas para vivir. Arroz con tomate? si blanco también está rico! Pantalón manchado? bueno, si casi no se nota!
Todo en esta vida es útil, al fin y al cabo
PD: Por cierto, he perdido el móvil, todos los que tenía, no me llaméis, ni nada
Yo, debido a mis peculiares circunstancias y forma de ser, he llegado a la máxima expresión del término. Aunque hay etapas en las que soy limpio, ordenado y responsable; la ley del mínimo esfuerzo a hecho de mí un superviviente nato. Puedo vivir semanas con una nevera vacía, la misma ropa y sin gastarme un céntimo.
Por poner un ejemplo, cuando hago limpieza general de habitación (fenómeno conocido por sus siglas, LGH), procuro que dure lo máximo posible, de modo que limpio hasta los mapas que tengo colgados en las paredes. Desgraciadamente, la alegría al ver dicha habitación limpia y reluciente hacen que no me preocupe por el mantenimiento consecuente, de modo que acelero subconscientemente el proceso de volverla a ensuciar y llenarla de mierda.
Pero nada se nota más la vaguería que con la comida. Generalmente, cada compra me dura una semana, yendo a la compra cada semana y media (o incluso cada dos). Esto hace que en mi nevera haya escasez crónica de alimentos, siendo los que hay, en su mayoría, inservibles. Actualmente dispongo de medio pimiento paprika, mostaza, fideos, pastillas avecrem (bueno, son de marca TESCO), un tomate, pasta para galletas (?), y harina, mucha harina, muchísima harina (tengo más de 3 kilos de harina y nadie comprende el porqué). Y la verdad, uno aprecia la comida más que antes. He llegado a cenar un nuevo plato de mi invención: "salchicha al microhondas", que se trata de una salchicha calentada con este aparato, y después se mordisquea despacio para que dure más.
Uno aprecia la comida que tiene en el plato. Mi compañera Silvia y yo hemos adoptado una nueva doctrina, ideada por el argentino que he mencionado alguna vez por aquí, consistente en el gorroneo puro y duro. La denominamos "facundear", y es la razón por la que siempre se nos ve en las cenas que organizan los diferentes erasmus que son tan estúpidos como para poner el evento en el Facebook. En esas cenas, arramplamos con cualquier objeto comestible, e, incluso, con aquellos que sólo son masticables. "Nunca sabes cuando vas a volver a comer"
Y aquí es cuando explico la razón del título de esta entrada. Al volver de la universidad, cansado tras una larga (já) jornada de trabajo, llego a casa para encontrarme con la nevera vacía. Como todavía no he engañado a ninguna mujer para que me tenga la comida preparada, me veo en la obligación de prepararlo yo mismo. Y en ese momento recuerdo aquel restaurante chino (no son como los de España, sino más guarripeis, estilo kebab, rápido) que está JUSTO enfrente de mi casa. Por poco más de dos euros te dan un plato combinado de arroz tres delicias con pollo agridulce, y te lo llevas Take Away (pronúnciese teic agüei). Y todo eso en menos de 2 minutos, literal, cruzo la calle con el semáforo en verde, pido la comida cuando está en rojo, y cuando está en verde de nuevo cruzo otra vez la calle. Ese chino es la máxima expresión de la vaguería. Y el camarero me conoce
Estos períodos de vagoredomadiedad vienen y van. No os preocupéis, no vivo como un gitano de la Cañada Real, tengo bastante menos dinero. Sin embargo, sirven para darse cuenta de que en el fondo no necesitamos tantas cosas para vivir. Arroz con tomate? si blanco también está rico! Pantalón manchado? bueno, si casi no se nota!
Todo en esta vida es útil, al fin y al cabo
PD: Por cierto, he perdido el móvil, todos los que tenía, no me llaméis, ni nada







