miércoles, 6 de julio de 2011

Mensaje de despedida

De panonia a Hispania...


Escribo este inicio en el aeropuerto. Ya se acaba. Se acabaron las fiestas hablando en inglés, el ir a comer con los griegos al Frici Papa o con Silvia al Rubens. El aparecer en casa de los portugueses sin previo aviso para encontrármelos rascándose las pelotas en esa pocilga que tenían por casa. El descubrir que han aparecido un montón de hongos en el baño, entre las risas de mi compañera de piso. El que aparezca Paolo en mi casa, muy serio, con una botella de vino infame, que nos pimplábamos como si fuera un Château Petrus. Las clases donde Csaba, aquel profesor medio loco, nos contaba, emocionado, las batallitas de los gloriosos y sanguinarios guerreros húngaros de antaño. Todo eso, como dije tiempo atrás, se perderá, como lágrimas en la lluvia.

21 entradas. Durante 21 entradas os he ido contando diversas tonterías que no podrán captar aquel espíritu, que no volveré a ver en mi vida. Y me da pena, porque me gustaba.

Y eso que éramos un grupo de canallas, ladronzuelos, aventureros y borrachos. Estábamos solos, pero nos apoyábamos entre nosotros, y dejamos de estarlo. Se formó un spirit de corps sin darnos cuenta.

Uno descubre muchas cosas de la vida. Es el erasmus un período fugaz, donde todo va más deprisa. Me dí cuenta de la fugacidad de las cosas, y de las pocas cosas realmente importantes. Muy pocas. Y de lo poco especial que es la gente y las culturas, lo parecidos que somos todos, en el fondo.

No podré volver a mirar el mapa de Europa con los mismos ojos. Esa Europa que ya he hecho mía. He visto lugares donde millones de personas han vivido durante milenios, y lugares donde millones han sido exterminados en cuestión de unos pocos años. He visto por qué los europeos nos hemos matado unos a otros. He estado en lugares paupérrimos y centros de finanzas internacionales. Pequeños pueblos y grandes ciudades. Lugares, en su mayoría, que fueron grandes ataño, y ahora, decadentes, buscan hacerse un hueco en el marco regional. Y lo he visto con amigos, con mis gentes de Budapest.

Y eso es lo que voy a echar (y hoy, 6 de Julio, ya lo hago) más de menos. Desde el dúo dinámico hasta el belga colgao. Aquella risueña polaca y la jipi de la catalana. Los griegos y los portugueses, los dos italianos, y alguna alemana medio loca. Y toda la gente de alrededor, con los que a lo mejor no te llevabas tanto pero sabías que estaban ahí, y saludabas con efusividad si te los encontrabas por la calle.

Lo recuerdo con mucho cariño, y casi me gustaría volver a vivirlo todo otra vez. Volver a ver la película. Veo a algunos amigos que se van el año que viene y les miro con ternura pensando lo ingenuos que son, que no saben lo que les espera. Todo lo que les espera, es tan incomensurable que este blog se queda pequeño. Me río de mí mismo al leer las primeras entradas del blog. Ingenuo...

Pero hay que seguir. Y ahora, me veo más capacitado que nunca para hacerlo. Jamás había estado tan a gusto conmigo mismo, y jamás había visto las cosas con tanta perspectiva. Ellos me han ayudado a esto. Por ello les doy las gracias, y también por darme uno de los mejores años de mi vida. Y es que, ciertamente, en pocos momentos he estado triste, o asustado, enfadado o estresado. Sin embargo, han abundado las sonrisas, las carcajadas y los buenos momentos que compartimos todos. Pero lo increíble no es su abundancia, sino la carencia de malos momentos, y los pocos que hubo, ni los recuerdo. Al fin y al cabo, ¿no es ése el objetivo de la vida? ¿ser feliz?