domingo, 12 de junio de 2011

De el tour por el balaton

El lago Balaton es el más grande de Europa Central, y de Europa entera si no contamos Rusia. Está ubicado en el centro de Hungría y es apodado "el mar húngaro". Sin embargo, sus 180 kilómetros de largo se combinan con una ridícula profundidad, de una media de 3 metros. Aún así, y como estas cosas no se notan, es muy bonito y muy cuco.

Esta belleza fue aprovechada por los húngaros desde tiempos inmemoriales, y hoy en día el lago está infestado de resorts, playas, hoteles con spa para austriacos jubilados y un flamante camino para bicis que rodea el lago.

Armado con una mochila casi vacía y un saco de dormir, y acompañado por dos simpáticos griegos, Dimitris y Alex (conocido como Doctor, pronúnciese en inglés), recorrí el circuito en lo que ha sido el último viaje que he realizado en el Erasmus.

El primer día, alquilamos las bicicletas... dios mío, me parece un soberano tostón contarlo así... pondré unas foticos para que no os durmáis en el teclado.

Doctor, Dimitris y yo con pose de Clint Eastwood

Cicleteamos por lugares increíbles

No perdíamos ninguna ocasión para hacer el imbécil

Los problemas técnicos los solucionábamos parando unas 2 horas para descansar y tomar unos aperitivillos

Doctor durmiendo en el camping, la primera noche

Nuestro hotel la segunda noche

Nuestro hotel la tercera noche
Al viajar sin mujeres, es decir, tranquilos, pudimos hacer lo que nos venía en gana, alterando la ruta original para poder disfrutar un poco más el viaje. Parando a subirnos a este castillo de aquí, vamos a tomarnos unos vinitos aquí que es muy típico y barato, vamos a estas termas naturales... y eso hicimos. Especial mención merecen las "termas", que se trata de un pequeño laguito cercano al Balaton pero que cuenta con aguas medicinales y es el lago termal más grande del mundo entero, con una profundidad de más 45 metros. Mi tío Rafa me lo recomendó, y gracias a él pudimos disfrutar de un bañito rodeados de alemanes y austriacos jubilados que pululaban por el agua con flotadores, como si fueran garbanzos en remojo. Nos relajó, la verdad, tras tntos kilómetros recorridos.

Y hablando de kilómetros, recorrimos bastantes, calculo que unos 160 en total, tres días y medio. Al terminar, nos sentíamos auténticos machos, capaces de todo. Algunos momentos habían sido muy difíciles y los habíamos superado con éxito.

El tercer día, por ejemplo, planeábamos dormir en un camping situado al norte del lago. Nos entretuvimos cenando (estos griegos SIEMPRE cenan en restaurantes), y cuando llegamos al camping, ya de noche, estaba cerrada la recepción. No nos admitían. Planeamos colarnos, ya que parecía fácil, pero lo descartamos por miedo a que nos pillaran. Buscamos en un tétrico y tenebroso hotel cercano, pero no había nadie, con lo cual nos empezamos a acojonar. Habíamos dormido mal la noche anterior en el parque y el baño en las termas y el viaje en bici nos habían cansado mucho. Continuamos hacia el siguiente camping, en casi total oscuridad. La única bici con luz era la mía, y esa pequeña linternilla nos alumbró el camino, rodeados de La Nada, como en la Historia Interminable, durante unos 6 kilómetros.

A cien metros de llegar al siguiente camping, nos cayó la gota fría, que parecía que nos querían matar. Llegamos al siguiente camping, mojados y cansados, para descubrir que también estaba cerrado. El dueño no atendió a razones y nos vimos obligados a continuar, unos cuantos kilometros más, rodeados de más negrura aún, y desesperados. Intentamos ir a alguna pensión pero no había nadie en ninguna. Al final, nos equivocamos de camino y acabamos en un puerto deportivo donde -como se ve en la foto- pudimos colarnos en un barco a dormir. Fue la mejor noche.

Al final, llegamos al punto de partida, la ciudad de Siofok. Allí, unos amigos habían alquilado una casa rural y pudimos por fin ducharnos como dios manda, y bañarnos en la piscinita, relajados. Fue un gran viaje, y me ha dejado con ganas de más.