miércoles, 30 de marzo de 2011

De la gente rara y cosas extrañas que hay en las megalópolis

La verdad, es que rara vez habíame sumergido en el mundo cosmopolita y alternativo de las ciudades. Madrid, ciudad que me encanta, representaba un sitio donde estudiar, divertirme con los amigos, realizar actividades culturales clásicas y pasear. Sin embargo, y aunque tiene delito que sea aquí y no en mi ciudad natal, me he dado cuenta de que las ciudades son una pequeña caja de sorpresas que te ofrece la mayor variedad de polvorones que uno pueda llegar a imaginar. Lástima que este año me haya zamapado pocos de aquellos de Estepa.

Sin más dilación, y aunque os dé igual -a mí me apetece hablar de esto- os presento a la GENTE RARA (léase mientras se escucha la canción facilitada):


El primero, y al que ya conoceréis, es mi profesor de Historia de Hungría Medieval, el honorable profesor Csaba. Se trata de un tipo peculiar, aficionado a las armas y objetos medievales, o históricos, o de donde sea. Luce bigote, botas militares, siempre va con una especie de kimono de hombre, acompañado por una enorme mochila. Allí, como si fuera el bolsillo de Doraemon, el gato cósmico, guarda todo tipo de útiles e inútiles: un espejo, un hacha de un metro, un kit de comida tradicional mongol, un surtido de joyas que él mismo fabrica, diversos libros y papeles... y quizá un gorrocóptero.

Apasionado por la historia, mestro en artes marciales, gran patriota y viajero. No me detendré más en él porque ya he hablado de él (ver una de las primeras entradas), y no quiero resultar repetitivo.

Seguimos este itinerario entre homínidos peculiares y nos encontramos a Kjartan. Estadounidense, fue rebautizado como Dartañán debido a la imposibilidad de pronunciar su nombre, de origen noruego. Este personaje es, sin duda, un genio.

20 años, como yo, pero carece de cualquier tipo de vergüenza (como yo también, pero él tiene menos, incluso). Su personalidad extrovertida, su falta total de sentido del ridículo y su vena artística y extravagante hacen de él el centro de atención en cuanto la situación se preste. No es que sea uno de estos mediocres y patéticos artistas wannabe quiero-y-no-puedo que se hacen los estrafalarios para poder quererse lo suficiente como para no suicidarse; él es auténtico. Toca la guitarra, la trompeta y la viola, y le he visto en varios escenarios (él directamente se sube, sin invitación previa, aunque pidiéndolo cortésmente) y sabe hacerse con el favor del público. A más de un modernillo, por no decir a todos, les gustaría tener una décima parte de la originalidad que tiene este tío.

Sin embargo, no todos son raros en un sentido positivo, como puedo hacer ver. Os contaré una anécdota, del otro día, acerca de una exposición de arte contemporáneo. Viene a cuento, ya que he empezado la entrada hablando sobre aquellos secretos que guardan las ciudades.

Resulta que hicieron una exposición de arte así como amateur en la calle de al lado. Silvia, siempre muy presta a hacer todo tipo de gilipolleces, me invitó a unirme, a lo que accedí gustosamente, al saber que habría diversas viandas y bebidas a disposición de los asistentes, con lo que me ahorraba la cena. Allí fui, sagaz y poniendo cara de entendido, con la catalana y con Paolo.

El resultado fue esperpéntico. No exagero al contar las cosas que allí se sucedieron, pues sería una traición a mi vocación historiadora, pero os juro que es cierto.

Mucha gente vestida cool, supermodernos, con enormes gafas de pasta sin cristales, rastas por doquier, piercings, faldas hippies, peinados dantescos... la verdad es que yo no pintaba nada en ese sitio. En seguida me dí cuenta de que había caído en una emboscada, pues allí de comer no parecía que hubiese nada. Eso sí, me dieron un chupito de cerveza, que intenté beber lo más lentamente posible. Tras discutir con Paolo unos veinte minutos debatiendo si la especie de tarta que había en la mesa formaba parte del catering o era una obra artística, concluimos que era la expresión de los sentimientos más íntimos de alguno de aquellos colgados, con lo que nos quedamos definitivamente sin cena.

Esperando a que Silvia y a los demás les diera por largarse, Paolo y yo nos pusimos a observar cuadros con cara de entendidos mientras agitábamos nuestros chupitos de cerveza recalentados. Como me aburría, me acerqué a Silvia, que hablaba con una alemana de cara sonrosada. Ella, muy alternativa y algo ebria - imagino, ya que esa rojez ni Heidi con fiebre podría igualarla- explicaba su obra mientras me señalaba las piernas.

- ¡Cáspita! - en realidad pensé otra palabra menos simpática que comienza por la misma letra - ¡he ligado o se me han olvidado los pantalones! - pensé, ingenuo. Tras quince minutos escuchándola me miré las rodillas en busca de aquello que tanto atraía la atención de la germana, para comprobar que me había situado encima de un montón de tierra.

¡Ups! La chica tan emocionada hablando de no sé que tonterías de la tristeza de esa arena y yo allí, iconoclástico e impertérrito, misógino, nazi y fascista, pisando su obra de arte. Me deshice en disculpas pero no pareció importarle, empujó con el pie la arena que se había esparcido alrededor, y la obra quedó de nuevo completa. Eso sí, me tiré los 15 minutos restantes increpando a todos los demás pardillos insensibles que, como yo, pisaban la creación teutónica.

Hay, a pesar de todo, mucha gente que siendo "normal" es especial. Desde una austriaca que hace preguntas estúpidas en clase (pero estúpidas de verdad, como si acabara de salir de un huevo, es vergonzoso), hasta una polaca que no duda en hacer el imbécil si siente que tiene que hacerlo (de forma genial, por cierto). Desde un sardo (esto es, habitante de Cerdeña) con pinta de mafioso que cuando te saluda te da dos besos hasta un gabacho-marroquí que es capaz de sacar de quicio a la madre Teresa. Todos ellos conforman mi erasmus, y dan un toque de color, originalidad y alegría a la vida. Gente auténtica.

1 comentario:

  1. Me encanta leerte, a ver si cuando vengas a españa quedamos una tarde y me cuentas las cosas con más detalles y gesticulando y poniendo vocecillas que seguro que así es hasta más entretenido y todo :P


    Un abrazo!

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