Escribo estas líneas desde la casa de Paolo. Me he presentado sin avisar, pero la situación así lo requería: he perdido la tarjeta de estudiante y el tiket mensual de metro y necesitaba internet para contactar con algunas personas para ver si sabían su ubicación. Sin embargo, me parece que lo he perdido para siempre jamás, y aunque tiene arreglo, cuesta dinero, y eso es algo que me desagrada: pagar por lo que ya he pagado. Además, me he quedado sin florines y no quiero cambiar euros porque el cambio ahora es realmente bajo, con lo que no saldría muy rentable.
En otro orden de cosas, y tras haber dejado claro mi estado hoy día, la verdad es que, en términos generales, estoy bastante contento. La universidad, aunque con una organización completamente catastrófica, empieza a regalarme algunas buenas anécdotas. Una de ellas la constituye mi profesor de historia medieval de Hungría.
Me encontraba con Alex, un chico español de la complutense, esperando a que llegara el profesor para que nos explicara un poco cómo iban a ir las clases, ya que no tenía internet. Esto me sorprendió, y pensé que se trataría del típico viejecillo que no sabe ni donde deja la sonda. Sin embargo, resultó ser una especie de Indiana Jones medio nazi y medio loco. Vestía botas militares, gorro de cowboy y chaqueta vaquera, portaba un arma de fuego en el costado y lucía un impresionante mostacho. Una semana después tuvimos una clase con él, y, mientras engullía con pasión un enorme bocadillo, nos explicó que él enseñaba artes marciales húngaras; sable, cuchillo, hacha y palo. La clase en sí fue muy interesante, y he considerado muy seriamente participar en sus cursos de artes marciales, ya que no son baratos y pueden resultar muy interesantes.
Otra cosa positiva es que fui a una lavandería, lugar donde parece ser que se acostumbra a lavar ropa, y me devolvieron toda la ropa limpita, seca, doblada y sin mal olor. Fantástico acontecimiento para mí, ya que la puñe.... lavadora va a seguir sin funcionar un par de semanas más, tienen que pedir no sé qué pieza a la fábrica... así que nada, a joderse y a aguntarse, como se dice.
El internet sí que vendrá pronto: mañana mismo aparecerá uno de esos señores que gustan de trabajar instalando internetes, ruteres, wifíes y demáh. El precio es realmente bajo, 3 euros por cabeza, poco más.
¿Y qué he hecho durante estos días? La verdad es que no lo sé. Los días pasan uno detrás de otro, pero de cada uno podría escribir párrafos y párrafos. Muchas cosas se me olvidan y otras las oculto, pero básicamente mis jornada se basa en aparecer por alguna clase, más tarde echarme una siestecilla, y después vaya usted a saber. A veces hago la compra, a veces visito cosas, a veces voy con algún tipo que acabo de conocer a algún lado que no sé dónde está...
Por las noches veo alguna película, voy a algún bar o a alguna fiesta erasmus o flatparty (fiesta en piso). La mayoría de la gente suele ser muy abierta y amigable, y siempre hay algún simpático borrachuzo que enseña el culo, se cae de la silla, o hace alguna tontería, para mofa y burla de los que le rodeamos, observándole como si de algún extraño y exótico animal se tratase, manteniendo las distancias para evitar que nos muerda o despedace. Sólo espero que ningún conocido mío acabe en ese humillante estado.
Bueno, eso es todo. Lamento no colgar fotos, pero es que estoy en casa de este tipo, y no quiero importunar más de lo debido. Ya a partir de mañana no tendré excusa para no hacerlo, y me curraré las entradas un poco más
Buenas tardes y disfrutad de vuestra huelga general
miércoles, 29 de septiembre de 2010
domingo, 19 de septiembre de 2010
De idiomas, prendas y catarros
Bueno, ya han pasado unos cuantos días desde mi última entrada, y la verdad, es que no sé que escribir. Podría poner una entrada por día, ya que las jornadas son bastante intensas, pero bueno, como el internet de mi piso no da para más (es decir, el internet que robamos del wifi del bar de la esquina) Así que mejor me limitaré a escribir acontecimientos puntuales, y en el futuro ya daré más la plasta
Joanna llegó hace ya muchos días, el 11 quizá, y resultó ser una chica bastante maja, contra todo pronóstico. El único problema es que habla un excelente inglés, lógico por otra parte, ya que trabajó en Londres durante tres meses. Los erasmus nos entendemos en un idioma chapucero y cochino, la wikipedia lo llama "simple english (si no me creéis, mirad en las opciones de idioma que aparecen en la columna izquierda de algún artículo importante), y cuando uno no sabe una palabra, la dice en su propio idioma, y siempre hay algún portugués, italiano o francés que resuelve el enigma. Sin embargo, Joanna habla un inglés tan exquisito, que utiliza palabras que de otro modo yo no habría conocido nunca, como "mop", que es como los ingleses dicen a la fregona. La verdad, es una palabra que rara vez utilizaré
Otro tema es el de la limpieza. Cuando esta solo con Silvia no había problema, pero con la llegada de Joanna se han puesto de acuerdo en limpiar el piso una vez a la semana, ¡y la cocina y el baño más frecuentemente aún! Sólo yo consigo traer un poco de cordura a este caos, al negarme a limpiar más de una vez al mes, pero ellas son dos y el conflicto parece resolverse en mi contra...
Hablando de limpieza, no funciona la lavadora. Llevo ya 12 o 13 días aquí, y nunca ha funcionado. Al principio pensamos (Silvia y yo) con con la llegada de Joanna se solucionaría, pero no fue así, está rota. Hablamos con la agencia el jueves y nos dijeron que la próxima semana vendría alguien. Sin embargo, la situación era desesperada, Silvia carecía de calcetines limpios, y yo ya había visto a mis gayumbos corretear por la habitación en manadas. Así que fuimos a casa de Paolo, aquel italiano que ya mencioné, para lavar la ropa allí y ahorrarnos cuatro duros. Caminamos por Budapest con la ropa y los tenderetes para secarla, para sorna y mofa de viandantes y conductores. Allí lavamos la ropa estupendamente, y regresamos a casa sin ella para dejarla secar en la habitación del pobre italiano. Sin embargo, al día siguiente, Paolo olvidó abrir la ventana al marcharse a la universidad, de modo que la ropa ahora huele fatal, casi peor que antes. Por los menos los calzoncillos y calcetines se salvan
Ya he aparecido por la universidad, la verdad es que es todo bastante chapucero. Ignoro si debido a las pequeñas dimensiones de la universidad o a alguna razón de índole judeo-masónica, pero desde luego las cosas no están tan claras como deberían. Mañana empiezo con las clases, aunque aún hay que hacer muchas estupideces burocráticas. ¡Quién me iba a decir que sería más complicado los papeleos de aquí que los que hice en Madrid! Desde luego, no nos podemos quejar, no os podéis quejar, de la burocracia española: tampoco está tan mal.
En referencia a mis viejos compchiches (je-je), no he vuelto a ver a las "chinches", sin embargo, la idea de mi tío de un gulash erasmus me sedució, y, envalentonado al no tener otra cosa que cocinar, intenté hacer algo similar. Ahí va:
Erasmus gulash. Ingredientes:
Patatas
Carne picada
Sal
Se pelan las patatas, y como no tienes aceite (ni mantequilla) y no sabes dónde están los cazos, las echas a la sartén, ahí a lo loco. Echas agua en un vano intento para que se cocinen por dentro. Luego se echa la carne picada y una pizca de sal. Y voilá
Estaba cojonudo
Por otro lado, se está constituyendo un grupo, más o menos definido, de amigotes que nos juntamos habitualmente. Principalmente somos de Italia, España, Francia, Portugal, Alemania, Polonia... Bélgica... y algún otro país, aunque no siempre somos los mismos. Hicimos una cena "española" (con tortilla de patatas sin sal, gazpacho, sangría y pantumaca) en nuestro piso. Ahí va una foto con algunos interesantes, a destacar la magnífica porte de Paolo, probablemente la persona más divertida que he conocido en mi vida.
Y sólo me resta contar que me he comprado una chupa de cuero, también de segunda mano, y que me he medio acatarrado, debido a que el tiempo es realmente horripilante, y yo demasiado imbécil como para comprarme un paraguas tras ua semana de lluvia. Sin embargo, no cuento más porque estoy aburrido de escribir, y supongo que vosotros de leer, así que nada.
Espero tener internet esta semana, y poder acceder a las clases ya. Ya iré contando
Joanna llegó hace ya muchos días, el 11 quizá, y resultó ser una chica bastante maja, contra todo pronóstico. El único problema es que habla un excelente inglés, lógico por otra parte, ya que trabajó en Londres durante tres meses. Los erasmus nos entendemos en un idioma chapucero y cochino, la wikipedia lo llama "simple english (si no me creéis, mirad en las opciones de idioma que aparecen en la columna izquierda de algún artículo importante), y cuando uno no sabe una palabra, la dice en su propio idioma, y siempre hay algún portugués, italiano o francés que resuelve el enigma. Sin embargo, Joanna habla un inglés tan exquisito, que utiliza palabras que de otro modo yo no habría conocido nunca, como "mop", que es como los ingleses dicen a la fregona. La verdad, es una palabra que rara vez utilizaré
Otro tema es el de la limpieza. Cuando esta solo con Silvia no había problema, pero con la llegada de Joanna se han puesto de acuerdo en limpiar el piso una vez a la semana, ¡y la cocina y el baño más frecuentemente aún! Sólo yo consigo traer un poco de cordura a este caos, al negarme a limpiar más de una vez al mes, pero ellas son dos y el conflicto parece resolverse en mi contra...
Hablando de limpieza, no funciona la lavadora. Llevo ya 12 o 13 días aquí, y nunca ha funcionado. Al principio pensamos (Silvia y yo) con con la llegada de Joanna se solucionaría, pero no fue así, está rota. Hablamos con la agencia el jueves y nos dijeron que la próxima semana vendría alguien. Sin embargo, la situación era desesperada, Silvia carecía de calcetines limpios, y yo ya había visto a mis gayumbos corretear por la habitación en manadas. Así que fuimos a casa de Paolo, aquel italiano que ya mencioné, para lavar la ropa allí y ahorrarnos cuatro duros. Caminamos por Budapest con la ropa y los tenderetes para secarla, para sorna y mofa de viandantes y conductores. Allí lavamos la ropa estupendamente, y regresamos a casa sin ella para dejarla secar en la habitación del pobre italiano. Sin embargo, al día siguiente, Paolo olvidó abrir la ventana al marcharse a la universidad, de modo que la ropa ahora huele fatal, casi peor que antes. Por los menos los calzoncillos y calcetines se salvan
Ya he aparecido por la universidad, la verdad es que es todo bastante chapucero. Ignoro si debido a las pequeñas dimensiones de la universidad o a alguna razón de índole judeo-masónica, pero desde luego las cosas no están tan claras como deberían. Mañana empiezo con las clases, aunque aún hay que hacer muchas estupideces burocráticas. ¡Quién me iba a decir que sería más complicado los papeleos de aquí que los que hice en Madrid! Desde luego, no nos podemos quejar, no os podéis quejar, de la burocracia española: tampoco está tan mal.
En referencia a mis viejos compchiches (je-je), no he vuelto a ver a las "chinches", sin embargo, la idea de mi tío de un gulash erasmus me sedució, y, envalentonado al no tener otra cosa que cocinar, intenté hacer algo similar. Ahí va:
Erasmus gulash. Ingredientes:
Patatas
Carne picada
Sal
Se pelan las patatas, y como no tienes aceite (ni mantequilla) y no sabes dónde están los cazos, las echas a la sartén, ahí a lo loco. Echas agua en un vano intento para que se cocinen por dentro. Luego se echa la carne picada y una pizca de sal. Y voilá
Estaba cojonudo
Por otro lado, se está constituyendo un grupo, más o menos definido, de amigotes que nos juntamos habitualmente. Principalmente somos de Italia, España, Francia, Portugal, Alemania, Polonia... Bélgica... y algún otro país, aunque no siempre somos los mismos. Hicimos una cena "española" (con tortilla de patatas sin sal, gazpacho, sangría y pantumaca) en nuestro piso. Ahí va una foto con algunos interesantes, a destacar la magnífica porte de Paolo, probablemente la persona más divertida que he conocido en mi vida.
Y sólo me resta contar que me he comprado una chupa de cuero, también de segunda mano, y que me he medio acatarrado, debido a que el tiempo es realmente horripilante, y yo demasiado imbécil como para comprarme un paraguas tras ua semana de lluvia. Sin embargo, no cuento más porque estoy aburrido de escribir, y supongo que vosotros de leer, así que nada.
Espero tener internet esta semana, y poder acceder a las clases ya. Ya iré contando
viernes, 10 de septiembre de 2010
De gestiones y búsquedas
De noche no se escuchan muchos ruidos. Tampoco pasa mucha luz a través de las cortinas, aunque una de las persianas no baja del todo.
Digo esto porque me ha tocado, por elección popular (es decir, donde me han puesto, al fin y al cabo, las féminas son las féminas, las que mandan), la habitación de la cama del fakir. Sin embargo, en una muestra de ingenio sin precedentes desde la invención de la teja, lo he arreglado poniendo una colcha debajo del cubrecama, de forma que actualmente se puede disfrutar de un fantástico y cómodo lecho. Lecho que, por otra parte, ya he compartido. Mis compañeros resultaron (ya no les veo, desde ayer) una especie de uñas con patas, asemejándose a insectos, pero sin serlo, ya que ningún artrópodo, anélido o díptero les puede equiparar en velocidad y repugnancia. Su celeridad es pasmosa, y tienen la loable capacidad de trepar paredes, además de una envidiable habilidad para esconderse. He liquidado a unos cuantos de ellos, llámenme nazi, pero han muerto por ser lo que son, en realidad no me habían hecho nada. Ya digo que hace unos días que no les veo, así que creo que he ganado la batalla.
Estos días he estado haciendo gestiones por la mañana y conociendo gentes y lugares por la tarde. El primer día, conocí a varios chicos muy majos: un italiano, un belga, una húngara, una checa y un montón de franceses. Comimos una "cena italiana" que no estaba nada mal, preparada por el afable italiano, denominado Paolo, cuya simpatía no se corresponde con su estatura.
Al día siguiente conocí a más franceses, y tanto las noches de hoy como ayer he estad en casa, pues la cantidad de agua que nos proporciona el cielo hace que sea preciso tomar algún bote para ir a cualquier parte. Sin embargo, aún me las he apañado para conocer a españoles, alemanas y portuguesas
Sin embargo, ya he comprado algunas cosas personales y útiles. Un móvil húngaro ha sido la adquisición de hoy, gracias a la inestimable ayuda que una chica húngara de mi universidad me brindó. Se llama Csilla (/chila/), y es, por así decirlo, una de las que ayudan a los ingenuos erasmus que, como yo, pretenden andar por Budapest sin suficientes conocimientos de húngaro.
Otra adquisición importante fue el abrigo. Para aquellos que no lo sepais, vine a este país sin ropa de invierno, pues la mía estaba muy desgastada, y esperaba encontrar algo más barato. Sin embargo, todas las tiendas (las mismas que en España -pullandbear, h&m...-) eran carísimas y ofrecían prendas que no me proporcionaban suficiente aislamiento térmico. De modo que, perdiéndome absolutamente por la ciudad, llegué a la plaza Oktogon, donde me compré un abrigo en una tienda de segunda mano. No es muy bonito, pero funciona.
Las últimas gestiones importantes fueron las relativas a la égyetem, a la universidad. He conocido a una profesora que habla español, de gran simpatía, y a la coordinadora erasmus, de gran envergadura. Parece ser que no tendré más relación con ellas hasta el día 17, cuando será la reunión inaugural. La verdad es que tengo ganas de que llegue el día, porque no tengo nada que hacer hasta entonces. Absolutamente nada, aparte de visitar la ciudad.
Un excelente aliciente para el descubrimiento de la urbe son las visitas guiadas que ofrece la universidad Corvinus, donde estudia Silvia. Aunque no soy de esa universidad, hoy he participado en una de las visitas, de strangis. Excelente por un lado, aunque pasada por agua, ya que la puñ***** lluvia de los jod**** coj**** nos la ha amargado, llegando al punto de acelerar su conclusión. Sin embargo, se ha disfrutado la visita a Buda, que todavía no había pisado, ya que todo (casa, universidad, supermercado) está en la pestilente Pest.
Para concluir simplemente citar que mañana viene Joana, y estamos algo inquietos ante las ideas que puede tener acerca de las habitaciones. Prepararemos una cena española para apaciguar a la bestia, si es que resulta serlo. In´shall´ah, no lo es
Digo esto porque me ha tocado, por elección popular (es decir, donde me han puesto, al fin y al cabo, las féminas son las féminas, las que mandan), la habitación de la cama del fakir. Sin embargo, en una muestra de ingenio sin precedentes desde la invención de la teja, lo he arreglado poniendo una colcha debajo del cubrecama, de forma que actualmente se puede disfrutar de un fantástico y cómodo lecho. Lecho que, por otra parte, ya he compartido. Mis compañeros resultaron (ya no les veo, desde ayer) una especie de uñas con patas, asemejándose a insectos, pero sin serlo, ya que ningún artrópodo, anélido o díptero les puede equiparar en velocidad y repugnancia. Su celeridad es pasmosa, y tienen la loable capacidad de trepar paredes, además de una envidiable habilidad para esconderse. He liquidado a unos cuantos de ellos, llámenme nazi, pero han muerto por ser lo que son, en realidad no me habían hecho nada. Ya digo que hace unos días que no les veo, así que creo que he ganado la batalla.
Estos días he estado haciendo gestiones por la mañana y conociendo gentes y lugares por la tarde. El primer día, conocí a varios chicos muy majos: un italiano, un belga, una húngara, una checa y un montón de franceses. Comimos una "cena italiana" que no estaba nada mal, preparada por el afable italiano, denominado Paolo, cuya simpatía no se corresponde con su estatura.
Al día siguiente conocí a más franceses, y tanto las noches de hoy como ayer he estad en casa, pues la cantidad de agua que nos proporciona el cielo hace que sea preciso tomar algún bote para ir a cualquier parte. Sin embargo, aún me las he apañado para conocer a españoles, alemanas y portuguesas
Sin embargo, ya he comprado algunas cosas personales y útiles. Un móvil húngaro ha sido la adquisición de hoy, gracias a la inestimable ayuda que una chica húngara de mi universidad me brindó. Se llama Csilla (/chila/), y es, por así decirlo, una de las que ayudan a los ingenuos erasmus que, como yo, pretenden andar por Budapest sin suficientes conocimientos de húngaro.
Otra adquisición importante fue el abrigo. Para aquellos que no lo sepais, vine a este país sin ropa de invierno, pues la mía estaba muy desgastada, y esperaba encontrar algo más barato. Sin embargo, todas las tiendas (las mismas que en España -pullandbear, h&m...-) eran carísimas y ofrecían prendas que no me proporcionaban suficiente aislamiento térmico. De modo que, perdiéndome absolutamente por la ciudad, llegué a la plaza Oktogon, donde me compré un abrigo en una tienda de segunda mano. No es muy bonito, pero funciona.
Las últimas gestiones importantes fueron las relativas a la égyetem, a la universidad. He conocido a una profesora que habla español, de gran simpatía, y a la coordinadora erasmus, de gran envergadura. Parece ser que no tendré más relación con ellas hasta el día 17, cuando será la reunión inaugural. La verdad es que tengo ganas de que llegue el día, porque no tengo nada que hacer hasta entonces. Absolutamente nada, aparte de visitar la ciudad.
Un excelente aliciente para el descubrimiento de la urbe son las visitas guiadas que ofrece la universidad Corvinus, donde estudia Silvia. Aunque no soy de esa universidad, hoy he participado en una de las visitas, de strangis. Excelente por un lado, aunque pasada por agua, ya que la puñ***** lluvia de los jod**** coj**** nos la ha amargado, llegando al punto de acelerar su conclusión. Sin embargo, se ha disfrutado la visita a Buda, que todavía no había pisado, ya que todo (casa, universidad, supermercado) está en la pestilente Pest.
Para concluir simplemente citar que mañana viene Joana, y estamos algo inquietos ante las ideas que puede tener acerca de las habitaciones. Prepararemos una cena española para apaciguar a la bestia, si es que resulta serlo. In´shall´ah, no lo es
martes, 7 de septiembre de 2010
Desorientado pero confiado
Localización: Hotel en el centro-norte de Budapest.
Hora local: 17:05.
Humedad: Mucha, llueve
Peligros: húngaros desconfiados y hordas de turistas germánicos, anglosajones o nipones
El vuelo fue un coñazo. Así, sin más, aunque fue divertido ver por primera vez que te ofrecían bocadillos y bebidas gratuitas. Llegué a Budapest casi sin retraso, cogí la maleta, y busqué al chófer. Había varios maromos de dos metros, trajeados, con carteles impresos y plastificados donde escribían el nombre de las personas que buscaban. También varias chicas, altas, jóvenes y delgadas, portaban más carteles con letras en cursiva. Detrás, un viejecillo leía el periódico, mientras con la otra mano sujetaba un cartel hecho a mano donde se leía "Mr Domínguez". Me sentí igual de importante que cualquiera, eso sí.
Conversamos durante todo el viaje, era un hombre muy simpático, que me aclaró algunos términos húngaros. Hablaba de las cosas que ver en Budapest y de lo mucho que se está construyendo en ella (curiosamente, cuando fui a Marruecos, también remarcaban, aunque muchísimo más, que se estaban construyendo un montón de cosas). Me acompañó hasta el mismísimo mostrador del hotel y, tras comprobar que mi reserva estaba bien, me dio su tarjeta y se marchó. Un hombre muy majo, sin duda
Sin embargo, ahí acabó lo bueno. Me compré un billete de una semana de metro y el resto del día estuve vagabundeando por la ciudad. Me perdí en numerosas ocasiones, intenté contactar con la gente del piso, no me aclaraba con las monedas, y entre pitos y flautas, me entró hambre. Estaba asustado, todo el mundo me parecía hostil, los veía como amenazas, y la ciudad me parecía horriblemente fea, aunque no lo era. Estuve hora y media buscando algún sitio donde comer, pero estaba en el distrito V, el más caro de Budapest, así que las cosas no pintaban bien. Acabé comiendo poco y caro en un sitio de guiris por pura desesperación, aunque eso sí, la comida muy buena.
Cansado y dolido por el desembolso económico, me fui a dormir muy pronto, no sin antes ver canales de media europa en la tele del hotel.
Hoy he amanecido a las 6:30 en la décima planta de un hotel en Budapest, aunque las vistas no son muy buenas. Tras ducharme y vestirme, bajé a desayunar, deseando aprovechar al máximo el desayuno y quitarme el hambre del día anterior definitivamente. Sin embargo, ¡qué lejos estaba de la realidad! Esta gente considera desayuno cosas como el salami, la mortadela o los macarrones con queso. Había una máquina de té donde hordas de anglosajones se agolpaban para conseguir una taza, y una máquina de zumo aguado era custodiada por animados germanos que siempre revoloteaban a su alrededor. Completaban el cuadro algunos ruidosos españoles e italianos, y unos cuantos japoneses que se comportaban como si estuviesen ante el mismísimo presidente. Empujándome entre ellos, logré hacerme con una tostada,, unos huevos revueltos, unas cuantas naranjas y otra fruta que ignoro como se llamaba, pero estaba tan desesperado por conseguir algo que no fueran macarrones con queso que la tomé sin dudar.
Paseé un rato por la ciudad, me volví a perder, y decidí llamar a la chica compañera de piso, perdiendo varias monedas que se tragó la máquina. Quedamos poco después, y tras comprobar que el rectorado de mi universidad estaba cerrado, acudí a la cita.
Resultó ser una catalana, contra todo pronóstico (ya dije que yo esperaba, además de la polaca, un francés o una china). Es una chica alta, enérgica y medio hippiosa, responde al nombre de "Silvia", y también al de "tú". Juntos fuimos a la agencia a conseguir las llaves, firmar lo que hubiese que firmar y demás chorradas. Desgraciadamente, las cosas se compicaron, y al final acabamos en la universidad de esta chica consiguiendo no se qué información sobre alargar la estancia y demás. Resumiendo: probablemente esté 9 meses, pero quizá sólo pueda 6. De todas formas, no es mi problema, no pienso pagar ni euro más si los 3 últimos meses no está. Comimos en una especie de kebab húngaro donde nos trataron fatal (ya hablaré sobre el comportamieto húngaro cuando les conozca un poco mejor) y volvimos a la agencia
Nos dieron las llaves y vi el piso por primera vez. Es raro, muy grande, pero carece de salón. Por lo que dice Silvia, que ha visto como 6 ó 7 pisos en esta ciudad, casi ninguno tenía salón, ya que estaban pensados para estudiantes y lo que buscan es optimizar precios. Por eso (quizá me arrepienta, Bea) he decidido aceptarlo. Aunque eso sí, la cocina es grande, con salón y tele. Las habitaciones son grandes, aunque las camas no pueden recibir tal nombre. Una se asemeja a la cama de un fakir persa, la otra es una especie de pantano bielorruso donde te hundes como el Titanic.
Y eso es todo, no pongo más porque no ha pasado más, lo escribo rápido y mal porque no tengo batería en el ordenador, y lo pongo ahora porque no sé si tengo internet allí. De todas formas, szia!
Hora local: 17:05.
Humedad: Mucha, llueve
Peligros: húngaros desconfiados y hordas de turistas germánicos, anglosajones o nipones
El vuelo fue un coñazo. Así, sin más, aunque fue divertido ver por primera vez que te ofrecían bocadillos y bebidas gratuitas. Llegué a Budapest casi sin retraso, cogí la maleta, y busqué al chófer. Había varios maromos de dos metros, trajeados, con carteles impresos y plastificados donde escribían el nombre de las personas que buscaban. También varias chicas, altas, jóvenes y delgadas, portaban más carteles con letras en cursiva. Detrás, un viejecillo leía el periódico, mientras con la otra mano sujetaba un cartel hecho a mano donde se leía "Mr Domínguez". Me sentí igual de importante que cualquiera, eso sí.
Conversamos durante todo el viaje, era un hombre muy simpático, que me aclaró algunos términos húngaros. Hablaba de las cosas que ver en Budapest y de lo mucho que se está construyendo en ella (curiosamente, cuando fui a Marruecos, también remarcaban, aunque muchísimo más, que se estaban construyendo un montón de cosas). Me acompañó hasta el mismísimo mostrador del hotel y, tras comprobar que mi reserva estaba bien, me dio su tarjeta y se marchó. Un hombre muy majo, sin duda
Sin embargo, ahí acabó lo bueno. Me compré un billete de una semana de metro y el resto del día estuve vagabundeando por la ciudad. Me perdí en numerosas ocasiones, intenté contactar con la gente del piso, no me aclaraba con las monedas, y entre pitos y flautas, me entró hambre. Estaba asustado, todo el mundo me parecía hostil, los veía como amenazas, y la ciudad me parecía horriblemente fea, aunque no lo era. Estuve hora y media buscando algún sitio donde comer, pero estaba en el distrito V, el más caro de Budapest, así que las cosas no pintaban bien. Acabé comiendo poco y caro en un sitio de guiris por pura desesperación, aunque eso sí, la comida muy buena.
Cansado y dolido por el desembolso económico, me fui a dormir muy pronto, no sin antes ver canales de media europa en la tele del hotel.
Hoy he amanecido a las 6:30 en la décima planta de un hotel en Budapest, aunque las vistas no son muy buenas. Tras ducharme y vestirme, bajé a desayunar, deseando aprovechar al máximo el desayuno y quitarme el hambre del día anterior definitivamente. Sin embargo, ¡qué lejos estaba de la realidad! Esta gente considera desayuno cosas como el salami, la mortadela o los macarrones con queso. Había una máquina de té donde hordas de anglosajones se agolpaban para conseguir una taza, y una máquina de zumo aguado era custodiada por animados germanos que siempre revoloteaban a su alrededor. Completaban el cuadro algunos ruidosos españoles e italianos, y unos cuantos japoneses que se comportaban como si estuviesen ante el mismísimo presidente. Empujándome entre ellos, logré hacerme con una tostada,, unos huevos revueltos, unas cuantas naranjas y otra fruta que ignoro como se llamaba, pero estaba tan desesperado por conseguir algo que no fueran macarrones con queso que la tomé sin dudar.
Paseé un rato por la ciudad, me volví a perder, y decidí llamar a la chica compañera de piso, perdiendo varias monedas que se tragó la máquina. Quedamos poco después, y tras comprobar que el rectorado de mi universidad estaba cerrado, acudí a la cita.
Resultó ser una catalana, contra todo pronóstico (ya dije que yo esperaba, además de la polaca, un francés o una china). Es una chica alta, enérgica y medio hippiosa, responde al nombre de "Silvia", y también al de "tú". Juntos fuimos a la agencia a conseguir las llaves, firmar lo que hubiese que firmar y demás chorradas. Desgraciadamente, las cosas se compicaron, y al final acabamos en la universidad de esta chica consiguiendo no se qué información sobre alargar la estancia y demás. Resumiendo: probablemente esté 9 meses, pero quizá sólo pueda 6. De todas formas, no es mi problema, no pienso pagar ni euro más si los 3 últimos meses no está. Comimos en una especie de kebab húngaro donde nos trataron fatal (ya hablaré sobre el comportamieto húngaro cuando les conozca un poco mejor) y volvimos a la agencia
Nos dieron las llaves y vi el piso por primera vez. Es raro, muy grande, pero carece de salón. Por lo que dice Silvia, que ha visto como 6 ó 7 pisos en esta ciudad, casi ninguno tenía salón, ya que estaban pensados para estudiantes y lo que buscan es optimizar precios. Por eso (quizá me arrepienta, Bea) he decidido aceptarlo. Aunque eso sí, la cocina es grande, con salón y tele. Las habitaciones son grandes, aunque las camas no pueden recibir tal nombre. Una se asemeja a la cama de un fakir persa, la otra es una especie de pantano bielorruso donde te hundes como el Titanic.
Y eso es todo, no pongo más porque no ha pasado más, lo escribo rápido y mal porque no tengo batería en el ordenador, y lo pongo ahora porque no sé si tengo internet allí. De todas formas, szia!
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