Tras tanto tiempo sin escribir (mes y medio) vuelvo a la carga en el blog, con un material de primera, Le Grand Tour. Era costumbre, entre las clases altas de hace unas centurias, darse una vuelta por Europa cuando todavía se era joven, como viaje iniciático para poder adquirir experiencias de las que poder fanfarronear ante sus amigos y familiares.
Como buen noble que soy, he realizado un gran viaje por Europa, como antaño realizaron esos pomposos europeos. Ellos solían ir a Italia, yo fui a los Balcanes.
La ruta que seguimos fue (ciudades donde dormimos):Budapest->Cluj Napoca->Brasov -> Sibiu -> Bucarest -> Sofia -> Estambul -> Tesalónica -> Skopje -> Belgrado -> Budapest
Así, con el ánimo dispuesto y el cuerpo fuerte tras comilonas de Navidad, una expedición hispano-lusitana partió de Budapest la noche del 14 de enero de 2011, Silvia, Rafa, Pedro (éste es el portugués) y yo.
Llegamos a Cluj Napoca a primera hora de la mañana. Habíamos dormido fatal en el autobús, y la espesa niebla que cubría la ciudad hacía que el ambiente fuese completamente tenebroso. Fue ideal, estábamos en Transilvania.
Tras una pausa técnica en una cafetería, encontramos un hostal y nos dispusimos a ver la ciudad. En un día vimos lo que había que ver, y no aburriré al lector con detalles superfluos. Como es de esperar, Cluj Napoca (como toda Rumanía, y ésta como todos los países del este) conjugan edificios antiguos y bonitos con destartalados bloques de viviendas soviéticos, como los que pueden encontrarse por Alicante. Lo que nos llamó la atención fue la cantidad de cuervos que había: gordos, negros y chillones, superaban en mucho a la exigua comunidad de palomas local. Pronto descubrimos que lo común en Transilvania, en honor a su fama, no son las palomas, sino los cuervos.
Vista la ciudad, y sabiendo que al día siguiente nos iríamos de allí, tomamos la decisión más acertada de todo el viaje. Alquilamos un coche. Pedro, el portugués; y Silvia, mi compañera de piso; tenían en su poder unos cartoncitos que les acreditaban para poder manejar esas máquinas de acuerdo con la ley. Así que, tras mucho pensarlo, alquilamos el coche, y fuimos rumbo a Brasov.
Tras parar en Targu Mures, la ciudad más fea de Rumanía, llegamos a Sigisoara, que probablemente sea el pueblo más bonito, además del hogar de Vlad Tepes, príncipe de Valaquia e inspirador de Drácula, para Bram Stoker. El pueblo es realmente bonito, y nos llegó a resultar terrorífico.
Por fin, aunque ya de noche, llegamos a Brasov, una pequeña ciudad famosa por estar enmarcada en un paraje natural único y salvaje. Tan salvaje que, en verano, no es raro ver osos merodeando por los suburbios. Aprovechando eso, fuimos a dar una vuelta por el campo, que estaba muy bonito.
Al día siguiente tras ver la ciudad, seguimos, en coche, la ruta. El plan era ver Rasnov, Bran y otro castillo, de cuyo nombre no me acuerdo. Rasnov fue impresionante, a Bran llegamos tarde y no pudimos entrar, y el otro ya nos pillaba muy tarde como para ir, teniendo que desviarnos de un camino que nos había costado sudor y lágrimas encontrar. Por cierto que casi nos cargamos el coche, ya que las carreteras rumanas son mucho peores de lo que os podeis imaginar. Finalmente llegamos a Sibiu, donde nos encontramos con Rui, un amigo común portugués que se nos unió a mitad del viaje.
Tras ver Sibiu (ciudad de la que casi no me acuerdo), dejamos definitivamente el coche, y nos fuimos a Bucarest.
Bucarest no tiene mucho que ver. Es una ciudad muy grande, pero con un centro histórico muy difuso y poco bonito. Merece la pena, pero no sé si tanto como para estar dos noches, como nosotros estuvimos.
Diciendo adiós a Rumanía, cogimos un tren (cogido por poco, corriendo íbamos por la estación) con destino a Sofía. Llegamos tarde, pero en seguida decidimos pasar dos noches allí. Vimos el impresionante monasterio de Rila, encajado entre montañas, y que constituye una de las cosas más bonitas que hemos visto en el viaje. Sofía también es bonita, pero después de haber estado por Transilvania, nos supo a poco.
Sin embargo, hicimos muy buenas migas con la recepcionista del hostal, que nos llevó con sus amigos y hablamos sobre lo divino y lo humano. Impresiona encontrar, allá donde vayas, que la gente joven es muy parecida entre sí. Cosas de la globalización, supongo.
En Sofía dijimos adiós a Silvia. Como pérfida catalana que es, no quería hacer un viaje tan largo, así que ella iba a Serbia, para volver después a Hungría. Así, la expedición se reducía a Rafa, los dos portugueses (Pedro y Rui) y yo.
La siguiente parada era Estambul. Nos montamos en un tren nocturno, de esos con cama, tras una virulenta batalla de bolas de nieve. Procedíamos a salir de la Unión Europea por primera vez. El compartimento en el que dormimos Rafa y yo olía a pis, y por el traqueteo del tren me costó muchísimo dormir, ya que pensaba que nos íbamos a matar. El tren ciertamente propiciaba estos pensamientos, ya que era un convoy búlgaro de tiempos de la Primera Guerra Mundial, donde ni el revisor hablaba inglés (aunque hablaba alemán). Finalmente, tras atravesar la frontera, me logré dormir.
Tiempo después llamaron a la puerta. Abrimos, no sin dificultad, para encontrarnos con el revisor.
- Orient, Istambul*
Habíamos llegado
*Es posible que no dijera Orient, sino Morgen, pero yo le escuché lo primero, y queda más bonito. Continuaré el relato en la próxima entrada
Como buen noble que soy, he realizado un gran viaje por Europa, como antaño realizaron esos pomposos europeos. Ellos solían ir a Italia, yo fui a los Balcanes.
La ruta que seguimos fue (ciudades donde dormimos):Budapest->Cluj Napoca->Brasov -> Sibiu -> Bucarest -> Sofia -> Estambul -> Tesalónica -> Skopje -> Belgrado -> Budapest
Así, con el ánimo dispuesto y el cuerpo fuerte tras comilonas de Navidad, una expedición hispano-lusitana partió de Budapest la noche del 14 de enero de 2011, Silvia, Rafa, Pedro (éste es el portugués) y yo.
Llegamos a Cluj Napoca a primera hora de la mañana. Habíamos dormido fatal en el autobús, y la espesa niebla que cubría la ciudad hacía que el ambiente fuese completamente tenebroso. Fue ideal, estábamos en Transilvania.
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| Primera foto del viaje: Pedro, Rafa y yo |
Vista la ciudad, y sabiendo que al día siguiente nos iríamos de allí, tomamos la decisión más acertada de todo el viaje. Alquilamos un coche. Pedro, el portugués; y Silvia, mi compañera de piso; tenían en su poder unos cartoncitos que les acreditaban para poder manejar esas máquinas de acuerdo con la ley. Así que, tras mucho pensarlo, alquilamos el coche, y fuimos rumbo a Brasov.
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| Por el camino nos encontramos algunas humildes y estéticas casas de gitanos |
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| Transilvania, Niebla, Invierno y Cementerio. ¿Hay algún lugar mejor para tener miedo? |
Por fin, aunque ya de noche, llegamos a Brasov, una pequeña ciudad famosa por estar enmarcada en un paraje natural único y salvaje. Tan salvaje que, en verano, no es raro ver osos merodeando por los suburbios. Aprovechando eso, fuimos a dar una vuelta por el campo, que estaba muy bonito.
Al día siguiente tras ver la ciudad, seguimos, en coche, la ruta. El plan era ver Rasnov, Bran y otro castillo, de cuyo nombre no me acuerdo. Rasnov fue impresionante, a Bran llegamos tarde y no pudimos entrar, y el otro ya nos pillaba muy tarde como para ir, teniendo que desviarnos de un camino que nos había costado sudor y lágrimas encontrar. Por cierto que casi nos cargamos el coche, ya que las carreteras rumanas son mucho peores de lo que os podeis imaginar. Finalmente llegamos a Sibiu, donde nos encontramos con Rui, un amigo común portugués que se nos unió a mitad del viaje.
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| En ocasiones sacaba de quicio a algunos miembros del grupo |
Bucarest no tiene mucho que ver. Es una ciudad muy grande, pero con un centro histórico muy difuso y poco bonito. Merece la pena, pero no sé si tanto como para estar dos noches, como nosotros estuvimos.
Diciendo adiós a Rumanía, cogimos un tren (cogido por poco, corriendo íbamos por la estación) con destino a Sofía. Llegamos tarde, pero en seguida decidimos pasar dos noches allí. Vimos el impresionante monasterio de Rila, encajado entre montañas, y que constituye una de las cosas más bonitas que hemos visto en el viaje. Sofía también es bonita, pero después de haber estado por Transilvania, nos supo a poco.
Sin embargo, hicimos muy buenas migas con la recepcionista del hostal, que nos llevó con sus amigos y hablamos sobre lo divino y lo humano. Impresiona encontrar, allá donde vayas, que la gente joven es muy parecida entre sí. Cosas de la globalización, supongo.
En Sofía dijimos adiós a Silvia. Como pérfida catalana que es, no quería hacer un viaje tan largo, así que ella iba a Serbia, para volver después a Hungría. Así, la expedición se reducía a Rafa, los dos portugueses (Pedro y Rui) y yo.
La siguiente parada era Estambul. Nos montamos en un tren nocturno, de esos con cama, tras una virulenta batalla de bolas de nieve. Procedíamos a salir de la Unión Europea por primera vez. El compartimento en el que dormimos Rafa y yo olía a pis, y por el traqueteo del tren me costó muchísimo dormir, ya que pensaba que nos íbamos a matar. El tren ciertamente propiciaba estos pensamientos, ya que era un convoy búlgaro de tiempos de la Primera Guerra Mundial, donde ni el revisor hablaba inglés (aunque hablaba alemán). Finalmente, tras atravesar la frontera, me logré dormir.
Tiempo después llamaron a la puerta. Abrimos, no sin dificultad, para encontrarnos con el revisor.
- Orient, Istambul*
Habíamos llegado
*Es posible que no dijera Orient, sino Morgen, pero yo le escuché lo primero, y queda más bonito. Continuaré el relato en la próxima entrada




Sólo tengo una cosa que decir:Envidia!!!
ResponderEliminaresperare ansiosa la continuación de tu crónica para poder seguir muriendo de ENVIDIA, y te aseguro que no es de la sana.
Dicho esto cuídate y nos vemos pronto.
Laura
qué tio...mejor dicho....qué sobrino!! qué envidia...qué jodio...sigue contando, has parado en lo mejor, como en las grandes novelas, Orient, Istambul...¿que pasará en Estambul? ¿conocerá Carlos el embrujo de la danza del vientre? ¿se perderá en el gran bazar? ¿le gustara el autentico kebab?...esperamos ansiosos el proximo capitulo de la saga...abrazos y besos desde Hispania. edu
ResponderEliminarMe alegro infinito de poder continuar disfrutando de tan entretenido blog y de ver a vuecencia con las orejas abrigadas.
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