miércoles, 22 de diciembre de 2010

De los últimos días en Budapest

Dije que hablaría sobre la cara seria del erasmus. Sobre exámenes y trabajos. Pero, la verdad, no me apetece un carajo.

Ya mañana me marcho para MadriZ. Y aquí queda muy poca gente. Ayer me despedí de unos amigos portugueses que se iban hoy. El lunes por la noche me despedí de Silvia, mi compañera de piso, que se iba de madrugada; y también de Paolo, que se iba el martes a mediodía. Y el jueves por la noche me despedí de Joanna, la polaca. Ahora estoy aquí solo, apenas queda gente: un par de belgas que no celebran la navidad (en fin...) y el argentino aquel que vive aquí. Progresivamente se ha ido yendo gente, cuando eres el último en irte, como es el caso, da mucha lástima.


El otro día me fui para Cracovia. Me dijeron: oye, te vienes a Cracovia?, y fue como sigue:

Despiértome de buena mañana, y tras llenar una mochililla con todo lo que creía necesario, salgo para el punto de encuentro, con un amigo portugués. Llegamos tarde a la estación, donde ya nos esperaban unas portuguesas, pero pudimos subir al autobús. 7 horas de viaje. Dejémoslo claro. No son 7 horas por autopistas occidentales y demás, no. Sólo Hungría tiene autopistas, el resto (Eslovaquia y Polonia) son carreterillas entre montañas nevadas. Finalmente conseguimos llegar, tras pasarlo muy mal, especialmente yo. Al día siguiente, sábado, llegó un italiano.

Cracovia es una ciudad muy bonita. Edificios muy bonitos, todo cubierto de nieve, y un ambiente navideño muy cuco. Sin embargo, hacía un frío de mil pares de narices. A las dos de la tarde la temperatura máxima era de -7ºC, y después, fácilmente llegaba a -11ºC y más. Por eso que las frases más oídas hayan sido:

- Ho i piedi congelati
- Faz um frio de caralho
- Joder que frío hace 


Obsérvese la natural y espontánea postura de todos... el grado de congelación en ese instante era de 7 sobre 10

Gran éxito Cracovia, aunque eso sí, a los polacos hay que ponerlos a parte. Agresivos, borrachos, violentos, amantes de la pelea y los gritos. Y luego dicen que no son como los rusos. Son iguales, panda de borrachos, llegamos  tener problemas con ellos. No llegamos a las manos, pero nos insultaban y demás, la madre que les parió, y nosotros pasábamos de ellos, y a otra cosa, no quiero problemas. Energúmenos, cuando volví a Hungría, los pacíficos y aburridos húngaros me cayeron muchísimo mejor.


También visitamos el campo de concentración y exterminio de Auschwitz. Llegué allí intentando no creerme nada, ser objetivo, y obviar toda la propaganda que el gobierno israelí tiene metida allí. Así, al comprar la entrada, me dieron una pegatina de estas para que sepan que has pagado, para poner en el pecho, de color amarillo. ¡Qué casualidad! ¡Seguro que no se han dado cuenta del paralelismo!

Pero en seguida uno se rinde y asume lo obvio: el horror. Realmente escalofriante. Coincidimos con una argentina cuyos abuelos habían estado en el campo, lo cual nos aportó otro punto de vista. Realmente, cada cosa que ves es siempre peor que la anterior, y son unas 5 horas de visita, así que figúrense el panorama. La entrada es gratis, gracias a Dios (sería una verguenza que cobraran por esto), sólo hay que pagar el guía, si uno quiere, aunque yo lo recomiendo.




Ya terminada la facultad, visitada Polonia, despedido de amigos, sólo me queda cenar con el argentino y el belga que quedan aquí, y mañana volar para España. Tengo ganas, pero sé que tengo ganas de volver.


Nos vemos mañana

3 comentarios:

  1. Bievenido a la capital, querido.

    ResponderEliminar
  2. Muy buena esta entrada, no la había leído. Hoy es 14 de enero, volviste el 12, ha llegado ud. bien? porque el correo no le debe de funcionar, o enchufado el ordenata. un beso.
    Por qué sacaste el lomo!!??

    ResponderEliminar