viernes, 18 de febrero de 2011

Le Grand Tour (2)

Continúo con el relato del viaje, que dejé unos días atrás. Si no sabes de qué hablo, mira la entrada anterior. En cualquier caso, dejad comentarios, que me gusta mucho leerlos. Un saludo a todos los portugueses que me lean.

Añado, además, un mapa que muestra nuestra ruta. Muchas gracias a Mr.Calisto, también llamado Pedro, realizador del mismo.



El traqueteo del tren era relajado, ahora íbamos más despacio. La estación estaba en el centro de Estambul, por lo que recorrimos la ciudad a bordo de esa vieja máquina soviética.

Estambul es una ciudad enorme. Si pensáis en Madrid como ciudad enorme, estáis equivocados. Enorme en todo su sentido, descomunal. Son entre 14 o 17 millones de habitantes registrados, muchos más si contamos ilegales y mendigos. Una de las urbes más grandes de Europa, que tiene gran parte de su territorio en Asia.

Nosotros mirábamos por las ventanas con gran expectación. Murallas, mezquitas, iglesias, el mar. Cuervos, gaviotas, palomas, parecía una síntesis entre el mundo que acbábamos de ver (Rumanía y Bulgaria) y el Mediterráneo.

Llegamos a la estación. Fue uno de los momentos en los que estaba más entusiasmado. Sabía que estaba allí, esperándonoos, Estambul. Nos pusimos a buscar el hostal, y, tras muchas vueltas, lo encontramos. Había un pareja de chinos japoneses coreanos, que nos ayudaron bastante a dormir, porque lo mal que olía la habitación hacía que uno perdiera el sentido en seguida.

No me atrevo a hacer una crónica día por día, primero, porque resultaría un tostón; y segundo, porque no me acuerdo bien. Estuvimos 4 días en Estambul, más que en ninguna otra ciudad del viaje. Sin duda, mereció la pena, y conseguimos verlo prácticamente todo. Si no vimos más, fue por el precio. Veníamos de Bulgaria, y Estambul es una ciudad turística, con sus conseecuentes precios. El resultado fue poco menos que catastrófico para nuestras simples mentes ibéricas, que pensábamos encontrarnos con una ciudad como máximo como Budapest, y nos encontramos con una que era como Madrid, o en ocasiones más cara. La entrada a Santa Sofía son 10 euros, la del palacio de Topkapi otros tantos, si quiere usted ir a la cisterna bizantina 5 más, y así con todo. El resultado: Estambul es una ciudad para ir con pasta. Si no, poco podrás disfrutar.

Sin duda, una de las cosas más bonitas fue Santa Sofía. Imponente por fuera, absolutamente impresionante por dentro, seguramente lo fuera más en época Bizantina, cuando contaba con mosaicos que recubrían todo (los turcos y los terremotos acabaron con ellos). Al principio me costó reconocerla, cosa que me avergüenza como proto-historiador. Me la esperaba de otra forma, sin duda.

De izq. a derecha: Rafa, Rui, Yo y Pedro con la cara fantasmal
Por otro lado (nunca mejor dicho, pues está enfrente) está la mezquita azul, iguald e grande e imponente, pero menos bonita, al ser más sobria. También tiene menos encanto, pues esta construida unos 1000 años después de que se construyera su gemela.

Vimos el palacio Topkapi, lugar de residencia de los sultanes y cosntruido donde antes estaban los antiguos palacios imperiales. Fuimos a Asia también, y nada más llegar llamaron a la oración todos los minaretes (con nada más llegar me refiero a nada más llegar, al poner el pie en tierra), consiguiendo un efecto chulísimo. Y, por fin, estando en el transbordador, pude decir, con todas las de la ley, aquello de:  

Asia a un lado, al otro Europa,
y allá en su frente, Estambul.

La cantidad de kebab que comimos sólo puede compararse con la que puede comer un borracho hambriento a las 5 de la mañana. No hay otra cosa, sólo kebab, y no acabamos con colitis por algún milagro del cielo. Gracias a Dios, o a Alá, cuando se nos empezó a poner cara de dürüm kebab ya nos marchábamos a Tesalónika.

Dejamos atrás Estambul, y, con Tesalónika al frente, nos preparamos para enfrentar el trayecto más largo de todo el viaje. Para más incomodidad, cogimos un autobús, mucho más incómodo que el tren, pero por lo menos resultó más placentero que el Budapest-Cluj Napoca. Tuvimos que esperar lo que se nos hizo una eternidad en la frontera (entrábamos en la Unión Europea). Allí había un policía español que nos explicó un poco que la Unión Europea y Corea del Norte tenían casi los mismos requisitos de acceso. Europa se ha blindado, sobre todo ante El Turco.

Llegamos muy de mañana a Tesalónika, a eso de las 8, con unas chicas erasmus de allí que nos dijeron dónde estaba nuestro hotel. Al principio pensamos en dejar las cosas y ver la ciudad inmediatamente, pero al llegar al hotel dijimos de echarnos una siestecilla de una hora como máximo. A las doce y media nos despertamos.

Así fue Grecia para nosotros: maravillosamente mediterránea. Al salir del hotel, en vez de ver la ciudad, nos fuimos a ver el mar (el mar de verdad, no esa tontería a la que llaman Bósforo). Después, nos fuimos a sentar a un restaurante, donde comimos de lujo pescadito (pulpo, calamares, boquerones... hacía falta, MUCHA falta), y nos invitaron a un entrante y al café. Tras una sobremesa de una hora, nos fuimos a tomar otro café, con vistas al mar. Tras estar allí otra hora y media, nos dispusimos con presteza a ver la ciudad.

Presteza. Presteza mediterránea. La ciudad me encantó, sobre todo por su gente. Gente maravillosa, creedme. Un poco fea e industrial, pero de vez en cuando te encuentras un pedazo de roca con un letrero que te dice que es un baño romano. Miras la roca, no se parece en nada, intentas imaginar cómo era, hasta que te das cuenta de que no puedes, sólo es un cacho de roca de hace 1900 años. Pero puedes ver la forma del asiento, donde se sentaban aquellos romanos, puedes ver la pequeña escalera, que ellos usaron; puedes ver el arco por donde ellos entraron a ese spa latino primigenio.

Mientras escribo esto mi amigo argentino ha puesto música griega, de esa de no preocuparse

Pasamos menos tiempo del que me habría gustado en Grecia, pero teníamos que irnos ya a Macedonia si no queríamos que el viaje nos costase lo mismo que una campaña de Justiniano. Así que tomamos el tren más destrozado que he visto en mi vida para ir a la Ex República Yugoslava menos turística de todas.

Se nota que Skopje no es turístico, para bien y para mal. Para bien, porque puedes comer un pedazo de carne como tu cabeza, con pan y guarnición, por dos euros. Para mal porque no está todo lo bonito que podría ser, y la gente te mira con extrañeza (y más teniendo en cuenta que fuimos en Enero).

El hostal era una cosa muy extraña. No había ninguna señalización, ningún cartel, el edificio no era más soviético porque ya habían quitado la estrella. Era el piso de un tipo, convertido en hostal, donde el único huésped, amén de nosotros, era un turco medio homosexual con voz de pito que decía que quería trabajar para Qatar Airlines. El hostel de la muerte.

Al final no nos mataron, todo el mundo fue muy amable, y me llevé una muy buena experiencia de Skopje, en especial de la magnífica fortaleza que tiene. También llegamos a la conclusión de que la ciudad está creando sus monumentos para atraer turistas, uno de ellos son las numerosísimas estatuas que ha desperdigado por la ciudad, entre ellas, la única estatua que he visto de un mendigo.

Estos encantadores niños que quisieron una foto con nosotros no estaban acostumbrados a los turistas

Llegamos a Serbia, país del que hablaré rápidamente, ya que me estoy quedando sin tiempo. Sin duda, aunque a esas alturas del viaje estábamos muy cansados, supimos valorar la ciudad. Es preciosa, y se ve muy activa. Mucha gente, muchas cosas que hacer, ni rastro de la guerra. Eso sí, un frío de carajo, como dirían los portugueses. Pero frío, de frío frío, pues más. De hecho, si en Grecia fuimos de bar en bar porque nos apetecía ver el mar y disfrutar del país, en Serbia lo hicimos porque no se podía estar en la calle. -12 grados, cágate lorito.

La movilidad que el frío nos arrebataba queda bien plasmada en esta foto

Tuvimos que arriesgar nuestra vida para que el corazón no se congelara
Sin embargo, a pesar del frío, los serbios fueron muy cálidos con nosotros. Nos acogieron muy bien, todos ellos sin excepción, se les nota que quieren ser parte de Europa.

Sin embargo, al final del viaje, cuando volvíamos a Budapest, se subió al tren un policía. Un policía serbio. Nos pidió pasaportes, y en ese momento nos dimos cuenta de que nos faltaba un documento que deberíamos haber pedido en el hostal. El policía se mostró inflexible, debíamos bajarnos del tren, y pagar una multa de hasta 300 euros.

Con los huevos por corbata, intentamos negociarlo, muy sutilmente, esperando que le pudiéramos sobornar. Al rato, nos devolvió los pasaportes, y fue a hablar con su compañero, "a ver si puedo hacer algo", dijo.

Corriendo, y gracias a un amigo en España (Sándor, o Alejandro, un tipo medio húngaro), contactamos con la embajada de España, que nos comunicaron que seguramente tendríamos que sobornarle. Maldiciendo al tipo que iba a hacer que el viaje acabase siendo mucho más caro que una campaña de Justiniano, pasamos los minutos, intentando ver si el tipo volvía. Nos sentimos casi como en La Gran Evasión, intentando escabullirnos, e ideamos varios truculentos planes de huida.

A pesar de todo, el siguiente policía que vino no fue serbio, sino húngaro. Estábamos en la UE. ¡¡Por fin!! ¡¡Serbia, tierra de bárbaros!! Al final el policía resultó ser buena persona (también poco profesional, pero bueno, seguramente hizo lo mejor para su país, ya que ahora mantego mi opinión de que los serbios son buena gente, y os incito a ir, y creo que debería cerrar ya este paréntesis, que más que paréntesis es la frase).

Y así terminó nuestro viaje. Después, estuve casi una semana sin hacer nada de lo cansado que estaba.


Y ahora me voy corriendo a Praga, que no llego

lunes, 7 de febrero de 2011

Le Grand Tour

Tras tanto tiempo sin escribir (mes y medio) vuelvo a la carga en el blog, con un material de primera, Le Grand Tour. Era costumbre, entre las clases altas de hace unas centurias, darse una vuelta por Europa cuando todavía se era joven, como viaje iniciático para poder adquirir experiencias de las que poder fanfarronear ante sus amigos y familiares.

Como buen noble que soy, he realizado un gran viaje por Europa, como antaño realizaron esos pomposos europeos. Ellos solían ir a Italia, yo fui a los Balcanes.

La ruta que seguimos fue (ciudades donde dormimos):Budapest->Cluj Napoca->Brasov -> Sibiu -> Bucarest -> Sofia -> Estambul -> Tesalónica -> Skopje -> Belgrado -> Budapest

Así, con el ánimo dispuesto y el cuerpo fuerte tras comilonas de Navidad, una expedición hispano-lusitana partió de Budapest la noche del 14 de enero de 2011, Silvia, Rafa, Pedro (éste es el portugués) y yo.

Llegamos a Cluj Napoca a primera hora de la mañana. Habíamos dormido fatal en el autobús, y la espesa niebla que cubría la ciudad hacía que el ambiente fuese completamente tenebroso. Fue ideal, estábamos en Transilvania.
Primera foto del viaje: Pedro, Rafa y yo
Tras una pausa técnica en una cafetería, encontramos un hostal y nos dispusimos a ver la ciudad. En un día vimos lo que había que ver, y no aburriré al lector con detalles superfluos. Como es de esperar, Cluj Napoca (como toda Rumanía, y ésta como todos los países del este) conjugan edificios antiguos y bonitos con destartalados bloques de viviendas soviéticos, como los que pueden encontrarse por Alicante. Lo que nos llamó la atención fue la cantidad de cuervos que había: gordos, negros y chillones, superaban en mucho a la exigua comunidad de palomas local. Pronto descubrimos que lo común en Transilvania, en honor a su fama, no son las palomas, sino los cuervos.

Vista la ciudad, y sabiendo que al día siguiente nos iríamos de allí, tomamos la decisión más acertada de todo el viaje. Alquilamos un coche. Pedro, el portugués; y Silvia, mi compañera de piso; tenían en su poder unos cartoncitos que les acreditaban para poder manejar esas máquinas de acuerdo con la ley. Así que, tras mucho pensarlo, alquilamos el coche, y fuimos rumbo a Brasov.

Por el camino nos encontramos algunas humildes y estéticas casas de gitanos
Tras parar en Targu Mures, la ciudad más fea de Rumanía, llegamos a Sigisoara, que probablemente sea el pueblo más bonito, además del hogar de Vlad Tepes, príncipe de Valaquia e inspirador de Drácula, para Bram Stoker. El pueblo es realmente bonito, y nos llegó a resultar terrorífico.

Transilvania, Niebla, Invierno y Cementerio. ¿Hay algún lugar mejor para tener miedo?

Por fin, aunque ya de noche, llegamos a Brasov, una pequeña ciudad famosa por estar enmarcada en un paraje natural único y salvaje. Tan salvaje que, en verano, no es raro ver osos merodeando por los suburbios. Aprovechando eso, fuimos a dar una vuelta por el campo, que estaba muy bonito.

Al día siguiente tras ver la ciudad, seguimos, en coche, la ruta. El plan era ver Rasnov, Bran y otro castillo, de cuyo nombre no me acuerdo. Rasnov fue impresionante, a Bran llegamos tarde y no pudimos entrar, y el otro ya nos pillaba muy tarde como para ir, teniendo que desviarnos de un camino que nos había costado sudor y lágrimas encontrar. Por cierto que casi nos cargamos el coche, ya que las carreteras rumanas son mucho peores de lo que os podeis imaginar. Finalmente llegamos a Sibiu, donde nos encontramos con Rui, un amigo común portugués que se nos unió a mitad del viaje.

En ocasiones sacaba de quicio a algunos miembros del grupo
Tras ver Sibiu (ciudad de la que casi no me acuerdo), dejamos definitivamente el coche, y nos fuimos a Bucarest.

Bucarest no tiene mucho que ver. Es una ciudad muy grande, pero con un centro histórico muy difuso y poco bonito. Merece la pena, pero no sé si tanto como para estar dos noches, como nosotros estuvimos.

Diciendo adiós a Rumanía, cogimos un tren (cogido por poco, corriendo íbamos por la estación) con destino a Sofía. Llegamos tarde, pero en seguida decidimos pasar dos noches allí. Vimos el impresionante monasterio de Rila, encajado entre montañas, y que constituye una de las cosas más bonitas que hemos visto en el viaje. Sofía también es bonita, pero después de haber estado por Transilvania, nos supo a poco.

Sin embargo, hicimos muy buenas migas con la recepcionista del hostal, que nos llevó con sus amigos y hablamos sobre lo divino y lo humano. Impresiona encontrar, allá donde vayas, que la gente joven es muy parecida entre sí. Cosas de la globalización, supongo.

En Sofía dijimos adiós a Silvia. Como pérfida catalana que es, no quería hacer un viaje tan largo, así que ella iba a Serbia, para volver después a Hungría. Así, la expedición se reducía a Rafa, los dos portugueses (Pedro y Rui) y yo.

La siguiente parada era Estambul. Nos montamos en un tren nocturno, de esos con cama, tras una virulenta batalla de bolas de nieve. Procedíamos a salir de la Unión Europea por primera vez. El compartimento en el que dormimos Rafa y yo olía a pis, y por el traqueteo del tren me costó muchísimo dormir, ya que pensaba que nos íbamos a matar. El tren ciertamente propiciaba estos pensamientos, ya que era un convoy búlgaro de tiempos de la Primera Guerra Mundial, donde ni el revisor hablaba inglés (aunque hablaba alemán). Finalmente, tras atravesar la frontera, me logré dormir.

Tiempo después llamaron a la puerta. Abrimos, no sin dificultad, para encontrarnos con el revisor.

- Orient, Istambul*

Habíamos llegado


*Es posible que no dijera Orient, sino Morgen, pero yo le escuché lo primero, y queda más bonito. Continuaré el relato en la próxima entrada

miércoles, 22 de diciembre de 2010

De los últimos días en Budapest

Dije que hablaría sobre la cara seria del erasmus. Sobre exámenes y trabajos. Pero, la verdad, no me apetece un carajo.

Ya mañana me marcho para MadriZ. Y aquí queda muy poca gente. Ayer me despedí de unos amigos portugueses que se iban hoy. El lunes por la noche me despedí de Silvia, mi compañera de piso, que se iba de madrugada; y también de Paolo, que se iba el martes a mediodía. Y el jueves por la noche me despedí de Joanna, la polaca. Ahora estoy aquí solo, apenas queda gente: un par de belgas que no celebran la navidad (en fin...) y el argentino aquel que vive aquí. Progresivamente se ha ido yendo gente, cuando eres el último en irte, como es el caso, da mucha lástima.


El otro día me fui para Cracovia. Me dijeron: oye, te vienes a Cracovia?, y fue como sigue:

Despiértome de buena mañana, y tras llenar una mochililla con todo lo que creía necesario, salgo para el punto de encuentro, con un amigo portugués. Llegamos tarde a la estación, donde ya nos esperaban unas portuguesas, pero pudimos subir al autobús. 7 horas de viaje. Dejémoslo claro. No son 7 horas por autopistas occidentales y demás, no. Sólo Hungría tiene autopistas, el resto (Eslovaquia y Polonia) son carreterillas entre montañas nevadas. Finalmente conseguimos llegar, tras pasarlo muy mal, especialmente yo. Al día siguiente, sábado, llegó un italiano.

Cracovia es una ciudad muy bonita. Edificios muy bonitos, todo cubierto de nieve, y un ambiente navideño muy cuco. Sin embargo, hacía un frío de mil pares de narices. A las dos de la tarde la temperatura máxima era de -7ºC, y después, fácilmente llegaba a -11ºC y más. Por eso que las frases más oídas hayan sido:

- Ho i piedi congelati
- Faz um frio de caralho
- Joder que frío hace 


Obsérvese la natural y espontánea postura de todos... el grado de congelación en ese instante era de 7 sobre 10

Gran éxito Cracovia, aunque eso sí, a los polacos hay que ponerlos a parte. Agresivos, borrachos, violentos, amantes de la pelea y los gritos. Y luego dicen que no son como los rusos. Son iguales, panda de borrachos, llegamos  tener problemas con ellos. No llegamos a las manos, pero nos insultaban y demás, la madre que les parió, y nosotros pasábamos de ellos, y a otra cosa, no quiero problemas. Energúmenos, cuando volví a Hungría, los pacíficos y aburridos húngaros me cayeron muchísimo mejor.


También visitamos el campo de concentración y exterminio de Auschwitz. Llegué allí intentando no creerme nada, ser objetivo, y obviar toda la propaganda que el gobierno israelí tiene metida allí. Así, al comprar la entrada, me dieron una pegatina de estas para que sepan que has pagado, para poner en el pecho, de color amarillo. ¡Qué casualidad! ¡Seguro que no se han dado cuenta del paralelismo!

Pero en seguida uno se rinde y asume lo obvio: el horror. Realmente escalofriante. Coincidimos con una argentina cuyos abuelos habían estado en el campo, lo cual nos aportó otro punto de vista. Realmente, cada cosa que ves es siempre peor que la anterior, y son unas 5 horas de visita, así que figúrense el panorama. La entrada es gratis, gracias a Dios (sería una verguenza que cobraran por esto), sólo hay que pagar el guía, si uno quiere, aunque yo lo recomiendo.




Ya terminada la facultad, visitada Polonia, despedido de amigos, sólo me queda cenar con el argentino y el belga que quedan aquí, y mañana volar para España. Tengo ganas, pero sé que tengo ganas de volver.


Nos vemos mañana

domingo, 5 de diciembre de 2010

De nieve y festejos

Ahora que se acercan los exámenes (para mí), creo que el mejor tema del que se puede hablar es de cómo festejamos los erasmus los eventos dignos de festejarse. Aclaración debe hacerse respecto a los temas dignos de festejo: cualquier cosa suele ser digna de ello. Un evento muy típico suele ser el celebrar "fiestas en pisos", pero que requiere más explicación, debido a lo curioso del evento. Se trata de una flatparty, como lo llaman en la lengua de la pérfida Albión, suele tener unas características muy claras, que paso a describir.

1º Es en un piso. De ahí lo de flat, que puede llevar a equívoco con la castellana flatulencia. No señores, no se trata de fiestas de pedos, sino de fiestas en pisos, de tamaño variable, aunque siempre en el centro.

2º Los motivos. Depende. Al "principio" las flatpaties se realizaban con motivo d la "inauguración" del piso, para estrenarlo. Este motivo siguió vigente hasta principios de Noviembre. Como ya es un poco descarado decir que hay que inaugurar pisos a estas alturas, vienen con la excusa de los cumpleaños. En el fondo es lo mismo. De hecho, hace poco mi amigo argentino (argentino tenía que ser) hizo una fiesta en su piso porque quería ligarse a una.

3º Asistencia. Variable. Generalmente, suelen ser entre 30-70 personas. El número de personas es inversamente proporcional al tiempo que tardarán los vecinos en llamar a la rendőrség, que en húngaro significa maderos. La asistencia depende de varios factores: a) número de gente invitada b) descaro de invitados para invitar a su vez a sus amigos (gabachos y españoles expertos en hacer eso, los húngaros y alemanes, raramente) y c) número de eventos paralelos que ofrezcan otras alternativas de ocio/estudio

4º Ambiente. Bastante relajado. No se baila, nadie se emborracha mucho, aunque sí que hay risas, voces y demás. Oportunidad perfecta para conocer humanos. No difiere mucho de una fiesta normal en un piso

5º Reacción vecinal. Muy variable. Por norma suelen ir al piso cuando están cansados, y cuando comprueban que no les hacen ni caso, llaman a la policía, o avisan con hacerlo. Aquí es donde la fiesta finaliza y se procede al desplazamiento de los integrantes de la flatparty hacia un local/pub/bar. En ese proceso se producen muchas bajas, y casi siempre en el bar destino hay mucha menos gente.

Sin embargo, en cuanto a reacciones de vecinos hemos tenido de todo. En una fiesta (ni fiesta era, era una cena) unos vecinos lanzaron huevos a las personas que estaban fumando en el descansillo de la entrada del piso. Los huevos fueron lanzados con fuerza y a mala hostia, y dieron a un portugués, creo.

La reacción contraria la protagonizó una abuelilla que repentinamente apareció en la fiesta del argentino, que mencioné más arriba. La señora llego embutida en una bata con estampados, y dijo que quería dormir, así que teníamos que darla algo para beber. Primero vino, y luego vodka se bebió la muy canalla, mientras reía y nos preguntaba de dónde éramos.

La señora arrebata el vodka a mi amigo gallego (conocido como "Gallego")

6º Fin de la flatpaty. Como he dicho, se suele ir a algún lugar para continuar con la fiesta. Es el mejor momento para kebab, o para meter a alguien en un carro de la compra y llevarle mientras mueve las patitas cantando alguna canción. Fue curioso, en la flatparty en la que nos lanzaron huevos (conocida como la fiesta de los huevos), que cuando salimos estaba nevando. La primera nevada en Budapest. Como buenos cantamañas y garrulos que somos todos, nos pusimos a lanzarnos bolas de nieve como si la vida nos fuera en ello.

   
Yo realizando un ataque kamikaze sobre Paolo
Después cada mochuelo va a su olivo... o a donde pueda. El otro día me desperté y oí a Silvia reírse a carcajadas: había visto al argentino durmiendo en el sofá de la cocina, mientras laregañaba por encender la luz de la estancia.

Ché boludo... ¡cortá la luz!  



En resumen, eso es una flatparty. Y a quien no le guste, que no mire. La próxima entrada os contaré la otra cara de la moneda, la cara seria.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

De mis compañeras de piso y la vida en el mismo

Hora: 18:33.
Temperatura: 10ºC
Humedad: 82%
Ubicación: Budapest, Hungría
17/11/2010

Sigo investigando la presencia de vida inteligente en este piso. De momento he podido constatar la presencia de dos indígenas con extraños hábitos. La relación es cordial. No hay problemas territoriales. Pero tienen algunas particularidades que merece la pena explicar aquí.

Silvia gusta de despertarse temprano, y no sale por la noche tanto como los otros individuos. Gusta de tener la habitación limpia y ordenada. Fanática de las velas y de los momentos-relax, le gusta tenerlo todo en orden, algo que uno no diría al verla. Le gusta mucho ir al mercado, hablar por skype y ver tiendas de segunda mano (ya sea de ropa, libros...). Va a clases de capoeria o algo así, y tiene en su nevera muchas frutas y verduras, casi no come carne.

Joanna (o Asia, como le gusta que la llamen), es más de despertarse tarde cuando tiene oportunidad. El estado de su habitación depende de cómo se encuentre, variando entre una habitación de una niña bien, con cuadros y todo, a una especie de aquelarre postapocalíptico. Suele ir a la piscina, o mirar cosas en el ordendor, ya que, como estudia medicina, tiene que estudiar y todo. Gustar de salir con la gente y pasar tiempo con quien sea, siendo de gran simpatía, cosa que ha contribuido a que tenga muchos pretendientes. En su porción de nevera hay muchos yogures y queso, pero también cosas muy extrañas que aterrorizan a Silvia, como pastillas vitamínicas o con magnesio o cosas así.

Ambas gustan de ocupar el baño durante horas

Yo, sin embargo, soy mucho más moderado. Mi habitación siempre mantiene un nivel moderado de desorden, que siempre es el mismo. Nunca está muy desordenado o muy ordenado, salvo, claro está, los días posteriores a limpiarlo. El baño lo uso poco tiempo, y en la nevera, por norma general, hay pocas cosas. Lo que nunca falta es leche y salchichas.

La convivencia es relativamente buena. No hay muchos problemas, aunque sí algunas cosas feas: Joanna siempre se olvida la luz encendida durante largo rato, Silvia abre las ventanas con la calefacción puesta, y mi concepto de la limpieza de la encimera de la cocina no es tan exigente como el suyo. Sin embargo, no hay problemas, insisto.

Durante las mañanas, no solemos estar en casa, y rara vez nos encontramos. A la hora de comer ya si que solemos estar todos, entre la 1 y las 3. Por la tarde solemos estar en casa e ir a las diversas cosas que nos ocupan (clase, algún curso, cualquier cosa).

Solemos invitar a gente a casa. No es muy grande, pero hay sillas y techo, más que suficiente. Además, siempre que invitas a alguien, te trae una botella de vino o de cerveza, cosa muy de agradecer. Estamos haciendo una colección de botellas vacías que nos está quedando muy original.

Hasta ahora hemos tenido 4 huéspedes en casa. 3 amigos de Joanna y el novio de Silvia han venido, y durante unos días han coincidido aquí, de forma que éramos 7 en casa. Muy divertido, aunque el tema del baño era un coñazo.

El novio de Silvia vino 10 días, y pasó 3 de ellos en Viena con su churri. Un tipo muy majo, sin duda, conocía más bares de Madrid que yo, y lucía unas barbas bien simpáticas.

Los amigos de Joanna eran una pareja y el chico que aconsejó a Joanna este piso, ya que él había vivido aquí el año pasado. Muy majos todos

Bueno, que ha llegado un invitado, que vamos a ver el Portugal-España y hemos invitado a unos portugueses. Os dejo, y prometo volver a actualizar pronto

domingo, 31 de octubre de 2010

De los erasmus


Lo primero saludo a mi hermana, que quería aparecer en mi blog, y a mi amiga Bea, que ahora esta en México. También a Vigor, que es un plasta que siempre digo que no contesto a los comentarios. Y a todos los demás, no penséis que no os echo de menos, macacos. Hoy mismo he soñado con Cote


Aterricé en tierras extrañas hace ya casi dos meses. Este tiempo ha dado mucho de sí. He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión...He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser...Todos esos momentos se perderán... en el tiempo, como lágrimas...en la lluvia...

Así que me voy a tomar la licencia de hablar de la fauna foránea que habita esta ciudad. También me disculpo por atreverme a agruparlos por naciones, pero de todas formas, los erasmus de una misma nación actúan de forma similar. Aunque en esta entrada no hable de mí, creo que es interesante que sepáis con qué tipo de gente me relaciono, para variar un poco la temática de las entradas.

Alemanes: son el grupo, de largo, más numeroso. Carecen de líder y sus hábitos alimenticios nos son desconocidos. Suelen ir en grandes manadas (muy grandes), y rara vez aceptan a extraños en ellas. Curioso el hecho de que, aunque de facto son el grupo más grande cuantitativamente, no se les ve con facilidad, debido a su comportamiento huraño. Los ejemplares de los que se tiene constancia son simpáticos y educados, aunque se nota en su forma de hablar y explicar las cosas por qué se les llama cabezas cuadradas. En ocasiones es difícil bromear con ellos. No es que sean serios, es que su humor es más formal, aunque en ocasiones también se desmelenan. Foto: Silke



Franceses: Segundo grupo en tamaño, y primero en extrañezas. Muchos son los que compartimos la idea de que los franceses son, en general, raros. Gustan de hablar el francés en cualquier situación, aunque haya personas que no lo entienden presente (veáse un servidor). Suelen hablar con una mezcla de arrogancia y condescendencia a los demás. También es comportamiento habitual entre ellos considerar que lo que ellos conocen, por ende, lo debemos conocer los demás. Me refiero a expresiones, juegos y canciones, famosos seguro en Francia, pero desconocidos en el resto de Europa. Se muestran sorprendidos cuando respondemos que no. De todas formas, este comportamiento se ha ido ablandando con el tiempo, y ya nos lo tomamos con humor, forma parte de su encanto. Sin embargo, hay muchas excepciones, como en el grupo de españoles, y hay muy buena gente. Su vestimenta es, siempre, impecable, probablemente los mejor vestidos de Europa.

Como los alemanes, también son animales gregarios, aunque con una notable diferencia: sus grupos, aunque tan cerrados como los alemanes, son más pequeños, y gustan de integrarse en otros grupos internacionales de mayor tamaño, de forma que se socializan más. Suelen beber como cosacos, y, aunque con algunas excepciones, casi todos acaban borrachos todos los días. Curioso que en francés, la expresión "beber como un cosaco" (beber mucho) se dice "beber como un polaco". Curioso, digo, porque en comparación con los franceses, los polacos son abstemios. Foto: Antoine

Italianos: de número desconocido, son uno de los grupos más activos. Siempre están haciendo cosas, aunque siempre tienen tiempo para los demás. Carácter muy humano, despreocupado, sincero y, sobre todo, gracioso. Gustan de las risas y de compartir tiempo con los demás, aunque no se hayan dado casos de puntualidad en este grupo. Te prometerán estar a las 9 en tu casa, y, por mucho que el italiano en cuestión intente llegar a tiempo, le surgirán ciento un problemas que se lo han impedido. Tienen tendencia a desaparecer súbitamente y aparecer horas después como si nada hubiera pasado. Se preocupan mucho por las personas y siempre están dispuestos a echar una mano. Aunque por norma general su inglés es pésimo, siempre intentarán hablar y conversar contigo de los temas más variopintos. Se nota claramente su carácter latino, del sur. Suelen formar parte de grupos internacionales. Foto: Serena

Portugueses: A pesar de tratarse de un país remoto y pequeño, el número de lusos es increíble. Su carácter, sin embargo, difiere mucho de sus vecinos españoles, aunque la forma de ver la vida es muy similar. Los portugueses son amables, latinos y graciosos. Aunque son más formales que los españoles o los italianos, las risas con ellos están aseguradas. Son listos, cultos y generosos. Los hombres son auténticos machos, mientras que sus mujeres son muy femeninas. Hablan un inglés exquisito, todos ellos sin excepción. Salvo alguno que es todo lo contrario, se nota que son gente honrada y leal a sus amigos. Gente con la que se puede estar muy a gusto en cualquier circunstancia, sin duda. Muy presentes en grupos internacionales. Foto: Rui

Españoles: Las generalidades que se pueden decir de este grupo son pocas, debido a la enorme heterogeneidad del mismo. Diría que ruidosos, modestos, amigables, generosos y muy activos. Aunque hay muchisimas excepciones, la mayoría de los españoles gusta de relacionarse con otros españoles. Su comportamiento grupal es similar al de los franceses. Muchos son auténticos niñatos. Junto con los italianos, los que peor hablan inglés, pero con una diferencia: los españoles no quieren hablar inglés. Hablarán en español, y he visto casos de personas que no sabían inglés, no sé cómo se las apañarán. Muchos suelen desmadrarse y buscar problemas, para luego decir "que desfase". Realmente estos grupos me repugnan, aunque hay otros grupos que sólo quieren pasárselo bien. Siempre aguantan hasta el final de la fiesta, y cuando les echan, proponen otro sitio, invitando a los demás a cervezas y bebidas (probablemente somos el grupo más generoso, aunque también los más gorrones)

Sin embargo hay notables excepciones de gente completamente distinta. Individuos Silvia o un tal Rafa salvan e orgullo patrio hablando en un cada día mejor inglés e intentando relacionarse con otros países. Estos individuos, muy numerosos (un 35% de los españoles que hay aquí), son realmente amigables, sinceros y graciosos, y por norma general no beben tanto alcohol como los españoles que he descrito arriba. Digamos que españoles se dividen en gregarios y solitarios, siendo el segundo grupo el que más merece la pena. Foto: Rafa

Belgas: también muy numerosos, suelen ser amantes de la cerveza y amantes de la internacionalidad. Tanto valones como flamencos coinciden en estos dos puntos. Gente muy agradable, con ganas de viajar y con ganas de conocer a más erasmus. Por norma general, gente inteligente y bastante madura.

Foto: Nadége






Polacos: Un grupo interesante. Son bastantes, y son muy risueños, uno no se siente incómodo con ellos. Su inglés es medio-alto, y, por mucho que digan los franceses, no son unos borrachos. Suelen ser agradables y jamás hablarán en polaco si hay alguien que no lo habla presente (todo lo contrario que los franceses), lo cual es muestra de deferencia a los demás.
Foto: Emil





El resto de erasmus son de países tales como Estonia o Grecia, no he conocido a suficientes como para poder establecer unos caracteres generales. También hay grupos americanos, árabes y asiáticos, siendo estos últimos los más cerrados. Espero que si habéis llegado hasta aquí tengáis una idea de con qué tipo de gente me muevo.

Nota: Todas las fotos son de personas que estamos en un gran grupo internacional, por lo que en ocasiones difieren de lo mostrado en las caracteristicas generales de cada nación. Todos son buenos compañeros y paso mucho tiempo con ellos, son gente agradable.

jueves, 14 de octubre de 2010

De la vida misma

Me hace mucha ilusión leer vuestros comentarios. Como estoy con unos horarios que parezco el preso de "romance del prisionero", que ni sé cuándo es de día, ni cuándo las noches son, raramente puedo hablar con vosotros, por lo que la información que me llega es limitada. Y aunque como soy un egocéntrico ególatra sin remedio lo puedo llevar más o menos bien, a veces me gustaría saber cómo van las cosas por vuestros pequeños e insignificantes mundos. Poned vuestros nombres, que si no me lo tengo que imaginar, y a veces no puedo (no sé quién es el comentario nº 15 de la anterior entrada, por ejemplo, aunque tenga mis ideas).

Bueno, vamos ya con la entrada en sí. Tengo el placer de presentarles a aquel profesor medio loco, Hidán Csaba, o como diríamos el resto de europeos, Csaba Hidán. El jueves me fui a un pueblo cercano a Budapest a ver una especie de reprensentación medieval, había unos cuantos frikis vestidos como guerreros que hicieron unas cuantas piruetas para regocijo del escaso público, siendo yo el único extranjero. Aquí dejo algunas fotos del momento, aunque desgraciadamente la calidad no es buena debido a que tuve que hacerlas un poco a contraluz

Csaba Hidán poco después de pegarse un castañazo al caerse del caballo

Haciendo cosas húngaras

Unos días después de que hiciera estas fotos, decidimos unos cuantos erasmus ir a Bratislava a ver qué se cocía en tierras eslovacas, ya que el billete de autobús apenas llegaba a los cuatro euros y medio. Pasamos allí tres días, uno de los cuales lo empleamos en ver un pueblo que ya no sé ni cómo se llama. Aunque Bratislava es una capital pequeña que no se puede comparar en belleza con su vecina Viena, no está nada mal tampoco. Y es que habíamos oído muchas voces en contra de esta ciudad:

- Bratislava no vale una mierda

- En esta ciudad no hay nada

- No vale la pena ni pasar un día

- ¿Bratislava? pufffff

De acuerdo, se puede ver la ciudad en un día si se lleva ritmo turista, pero nosotros hicimos un turismo relajadito; parando en este parque a echar una siestecilla, ir a este bar que nos está invitando un eslovaco a sentarnos, salir de noche a algún sitio, etc. Y la verdad es que me lo pasé estupendamente

Tanto fue mi regocijo que otorgaré a los señores de la CIA que en el futuro investiguen mi vida (y, por tanto, este blog) unas cuantas fotos del momento.

Puesta de sol romántica
Nos encontramos con un eslovaco que nos hizo de guía gratuito durante el primer día



Fue un gran viaje, y en seguida surgieron muchas voces para organizar otro a Zagreb, Belgrado o Cracovia.


Cambiando de tercio, el otro día, llegando a casa, me encontré con la puerta abierta. Temeroso, entré, para ver a dos maromos moviendo una lavadora, mientras Silvia observaba la escena con orgullo catalán y los brazos en jarras. Los maromos dejaron la lavadora en el baño y salieron por patas, mientras Silvia y yo nos mirábamos con incredulidad. ¿Será de verdad? ¿Podremos lavar la ropa?

Con algún esfuerzo, movimos la antigua y pusimos la nueva en su lugar, ya que a los maromos sólo les pagaban por poner esa lavadora en cualquier lado. La enchufamos y pusimos todos los cables que requería, ahora tocaba meter la ropa y empezar a lavar. Metimos la ropa presurosos e intentamos descifrar cómo hacer que esa endiablada máquina lavase.

Conversación real (más o menos):

Silvia - Dale aquí
Yo -No, ahí no es, es aquí
S - ¿Cuantos grados ponemos?
Y - A 30, por ejemplo
S - Hay cinco 30 distintos
Y - Dale a ése que pone Feinwâschensen
S - ¿Dónde va el suavizante y dónde el jabón?
Y - Yo que sé, pon un poco de todo en cada hueco
S - ¿Por qué no funciona?
Y - Enchúfala
S - Ya está, éste debe de ser el botón de ON
Y- No se mueve
S - ¿Por qué no se mueve?
Y - Dale un golpe que espabile
Lavadora- chuf chuf fiuuu fiuuu
Todos, chinches incluidas- ¡SE MUEVE! ¡SE MUEVE!

Nos abrazamos. Saltamos de alegría mientras gritábamos. Yo me eché a llorar. Más tarde cenamos con unas 10 personas y todos brindamos por la washing-machine. Gran éxito.