domingo, 31 de octubre de 2010

De los erasmus


Lo primero saludo a mi hermana, que quería aparecer en mi blog, y a mi amiga Bea, que ahora esta en México. También a Vigor, que es un plasta que siempre digo que no contesto a los comentarios. Y a todos los demás, no penséis que no os echo de menos, macacos. Hoy mismo he soñado con Cote


Aterricé en tierras extrañas hace ya casi dos meses. Este tiempo ha dado mucho de sí. He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión...He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser...Todos esos momentos se perderán... en el tiempo, como lágrimas...en la lluvia...

Así que me voy a tomar la licencia de hablar de la fauna foránea que habita esta ciudad. También me disculpo por atreverme a agruparlos por naciones, pero de todas formas, los erasmus de una misma nación actúan de forma similar. Aunque en esta entrada no hable de mí, creo que es interesante que sepáis con qué tipo de gente me relaciono, para variar un poco la temática de las entradas.

Alemanes: son el grupo, de largo, más numeroso. Carecen de líder y sus hábitos alimenticios nos son desconocidos. Suelen ir en grandes manadas (muy grandes), y rara vez aceptan a extraños en ellas. Curioso el hecho de que, aunque de facto son el grupo más grande cuantitativamente, no se les ve con facilidad, debido a su comportamiento huraño. Los ejemplares de los que se tiene constancia son simpáticos y educados, aunque se nota en su forma de hablar y explicar las cosas por qué se les llama cabezas cuadradas. En ocasiones es difícil bromear con ellos. No es que sean serios, es que su humor es más formal, aunque en ocasiones también se desmelenan. Foto: Silke



Franceses: Segundo grupo en tamaño, y primero en extrañezas. Muchos son los que compartimos la idea de que los franceses son, en general, raros. Gustan de hablar el francés en cualquier situación, aunque haya personas que no lo entienden presente (veáse un servidor). Suelen hablar con una mezcla de arrogancia y condescendencia a los demás. También es comportamiento habitual entre ellos considerar que lo que ellos conocen, por ende, lo debemos conocer los demás. Me refiero a expresiones, juegos y canciones, famosos seguro en Francia, pero desconocidos en el resto de Europa. Se muestran sorprendidos cuando respondemos que no. De todas formas, este comportamiento se ha ido ablandando con el tiempo, y ya nos lo tomamos con humor, forma parte de su encanto. Sin embargo, hay muchas excepciones, como en el grupo de españoles, y hay muy buena gente. Su vestimenta es, siempre, impecable, probablemente los mejor vestidos de Europa.

Como los alemanes, también son animales gregarios, aunque con una notable diferencia: sus grupos, aunque tan cerrados como los alemanes, son más pequeños, y gustan de integrarse en otros grupos internacionales de mayor tamaño, de forma que se socializan más. Suelen beber como cosacos, y, aunque con algunas excepciones, casi todos acaban borrachos todos los días. Curioso que en francés, la expresión "beber como un cosaco" (beber mucho) se dice "beber como un polaco". Curioso, digo, porque en comparación con los franceses, los polacos son abstemios. Foto: Antoine

Italianos: de número desconocido, son uno de los grupos más activos. Siempre están haciendo cosas, aunque siempre tienen tiempo para los demás. Carácter muy humano, despreocupado, sincero y, sobre todo, gracioso. Gustan de las risas y de compartir tiempo con los demás, aunque no se hayan dado casos de puntualidad en este grupo. Te prometerán estar a las 9 en tu casa, y, por mucho que el italiano en cuestión intente llegar a tiempo, le surgirán ciento un problemas que se lo han impedido. Tienen tendencia a desaparecer súbitamente y aparecer horas después como si nada hubiera pasado. Se preocupan mucho por las personas y siempre están dispuestos a echar una mano. Aunque por norma general su inglés es pésimo, siempre intentarán hablar y conversar contigo de los temas más variopintos. Se nota claramente su carácter latino, del sur. Suelen formar parte de grupos internacionales. Foto: Serena

Portugueses: A pesar de tratarse de un país remoto y pequeño, el número de lusos es increíble. Su carácter, sin embargo, difiere mucho de sus vecinos españoles, aunque la forma de ver la vida es muy similar. Los portugueses son amables, latinos y graciosos. Aunque son más formales que los españoles o los italianos, las risas con ellos están aseguradas. Son listos, cultos y generosos. Los hombres son auténticos machos, mientras que sus mujeres son muy femeninas. Hablan un inglés exquisito, todos ellos sin excepción. Salvo alguno que es todo lo contrario, se nota que son gente honrada y leal a sus amigos. Gente con la que se puede estar muy a gusto en cualquier circunstancia, sin duda. Muy presentes en grupos internacionales. Foto: Rui

Españoles: Las generalidades que se pueden decir de este grupo son pocas, debido a la enorme heterogeneidad del mismo. Diría que ruidosos, modestos, amigables, generosos y muy activos. Aunque hay muchisimas excepciones, la mayoría de los españoles gusta de relacionarse con otros españoles. Su comportamiento grupal es similar al de los franceses. Muchos son auténticos niñatos. Junto con los italianos, los que peor hablan inglés, pero con una diferencia: los españoles no quieren hablar inglés. Hablarán en español, y he visto casos de personas que no sabían inglés, no sé cómo se las apañarán. Muchos suelen desmadrarse y buscar problemas, para luego decir "que desfase". Realmente estos grupos me repugnan, aunque hay otros grupos que sólo quieren pasárselo bien. Siempre aguantan hasta el final de la fiesta, y cuando les echan, proponen otro sitio, invitando a los demás a cervezas y bebidas (probablemente somos el grupo más generoso, aunque también los más gorrones)

Sin embargo hay notables excepciones de gente completamente distinta. Individuos Silvia o un tal Rafa salvan e orgullo patrio hablando en un cada día mejor inglés e intentando relacionarse con otros países. Estos individuos, muy numerosos (un 35% de los españoles que hay aquí), son realmente amigables, sinceros y graciosos, y por norma general no beben tanto alcohol como los españoles que he descrito arriba. Digamos que españoles se dividen en gregarios y solitarios, siendo el segundo grupo el que más merece la pena. Foto: Rafa

Belgas: también muy numerosos, suelen ser amantes de la cerveza y amantes de la internacionalidad. Tanto valones como flamencos coinciden en estos dos puntos. Gente muy agradable, con ganas de viajar y con ganas de conocer a más erasmus. Por norma general, gente inteligente y bastante madura.

Foto: Nadége






Polacos: Un grupo interesante. Son bastantes, y son muy risueños, uno no se siente incómodo con ellos. Su inglés es medio-alto, y, por mucho que digan los franceses, no son unos borrachos. Suelen ser agradables y jamás hablarán en polaco si hay alguien que no lo habla presente (todo lo contrario que los franceses), lo cual es muestra de deferencia a los demás.
Foto: Emil





El resto de erasmus son de países tales como Estonia o Grecia, no he conocido a suficientes como para poder establecer unos caracteres generales. También hay grupos americanos, árabes y asiáticos, siendo estos últimos los más cerrados. Espero que si habéis llegado hasta aquí tengáis una idea de con qué tipo de gente me muevo.

Nota: Todas las fotos son de personas que estamos en un gran grupo internacional, por lo que en ocasiones difieren de lo mostrado en las caracteristicas generales de cada nación. Todos son buenos compañeros y paso mucho tiempo con ellos, son gente agradable.

jueves, 14 de octubre de 2010

De la vida misma

Me hace mucha ilusión leer vuestros comentarios. Como estoy con unos horarios que parezco el preso de "romance del prisionero", que ni sé cuándo es de día, ni cuándo las noches son, raramente puedo hablar con vosotros, por lo que la información que me llega es limitada. Y aunque como soy un egocéntrico ególatra sin remedio lo puedo llevar más o menos bien, a veces me gustaría saber cómo van las cosas por vuestros pequeños e insignificantes mundos. Poned vuestros nombres, que si no me lo tengo que imaginar, y a veces no puedo (no sé quién es el comentario nº 15 de la anterior entrada, por ejemplo, aunque tenga mis ideas).

Bueno, vamos ya con la entrada en sí. Tengo el placer de presentarles a aquel profesor medio loco, Hidán Csaba, o como diríamos el resto de europeos, Csaba Hidán. El jueves me fui a un pueblo cercano a Budapest a ver una especie de reprensentación medieval, había unos cuantos frikis vestidos como guerreros que hicieron unas cuantas piruetas para regocijo del escaso público, siendo yo el único extranjero. Aquí dejo algunas fotos del momento, aunque desgraciadamente la calidad no es buena debido a que tuve que hacerlas un poco a contraluz

Csaba Hidán poco después de pegarse un castañazo al caerse del caballo

Haciendo cosas húngaras

Unos días después de que hiciera estas fotos, decidimos unos cuantos erasmus ir a Bratislava a ver qué se cocía en tierras eslovacas, ya que el billete de autobús apenas llegaba a los cuatro euros y medio. Pasamos allí tres días, uno de los cuales lo empleamos en ver un pueblo que ya no sé ni cómo se llama. Aunque Bratislava es una capital pequeña que no se puede comparar en belleza con su vecina Viena, no está nada mal tampoco. Y es que habíamos oído muchas voces en contra de esta ciudad:

- Bratislava no vale una mierda

- En esta ciudad no hay nada

- No vale la pena ni pasar un día

- ¿Bratislava? pufffff

De acuerdo, se puede ver la ciudad en un día si se lleva ritmo turista, pero nosotros hicimos un turismo relajadito; parando en este parque a echar una siestecilla, ir a este bar que nos está invitando un eslovaco a sentarnos, salir de noche a algún sitio, etc. Y la verdad es que me lo pasé estupendamente

Tanto fue mi regocijo que otorgaré a los señores de la CIA que en el futuro investiguen mi vida (y, por tanto, este blog) unas cuantas fotos del momento.

Puesta de sol romántica
Nos encontramos con un eslovaco que nos hizo de guía gratuito durante el primer día



Fue un gran viaje, y en seguida surgieron muchas voces para organizar otro a Zagreb, Belgrado o Cracovia.


Cambiando de tercio, el otro día, llegando a casa, me encontré con la puerta abierta. Temeroso, entré, para ver a dos maromos moviendo una lavadora, mientras Silvia observaba la escena con orgullo catalán y los brazos en jarras. Los maromos dejaron la lavadora en el baño y salieron por patas, mientras Silvia y yo nos mirábamos con incredulidad. ¿Será de verdad? ¿Podremos lavar la ropa?

Con algún esfuerzo, movimos la antigua y pusimos la nueva en su lugar, ya que a los maromos sólo les pagaban por poner esa lavadora en cualquier lado. La enchufamos y pusimos todos los cables que requería, ahora tocaba meter la ropa y empezar a lavar. Metimos la ropa presurosos e intentamos descifrar cómo hacer que esa endiablada máquina lavase.

Conversación real (más o menos):

Silvia - Dale aquí
Yo -No, ahí no es, es aquí
S - ¿Cuantos grados ponemos?
Y - A 30, por ejemplo
S - Hay cinco 30 distintos
Y - Dale a ése que pone Feinwâschensen
S - ¿Dónde va el suavizante y dónde el jabón?
Y - Yo que sé, pon un poco de todo en cada hueco
S - ¿Por qué no funciona?
Y - Enchúfala
S - Ya está, éste debe de ser el botón de ON
Y- No se mueve
S - ¿Por qué no se mueve?
Y - Dale un golpe que espabile
Lavadora- chuf chuf fiuuu fiuuu
Todos, chinches incluidas- ¡SE MUEVE! ¡SE MUEVE!

Nos abrazamos. Saltamos de alegría mientras gritábamos. Yo me eché a llorar. Más tarde cenamos con unas 10 personas y todos brindamos por la washing-machine. Gran éxito.

miércoles, 6 de octubre de 2010

De viajes, conversaciones y economía

Una enorme riada de un producto químico más corrosivo que la lejía asola en estos momentos el oeste de Hungría.
Vídeo

Personalmente, me he enterado esta mañana al leer el blog. Aquí en Budapest todo sigue exactamente igual, así que no os preocupéis.Intentaré escribir esta entrada como siempre hago, pero no me siento del todo cómodo al saber que vivo tan bien cerca de gente que ahora lo ha perdido todo. Sí, se que en África están peor todos los días, pero es que este domingo visité una de las ciudades que ahora están en el centro de todo este lío.

Se trata de la ciudad de Győr, de 130.000 habitantes, en el noroeste. Teníamos ganas de salir de Budapest y, aunque ya habíamos ido a un pueblo cercano a un festival de vino, queríamos visitar algo más a fondo el país. 


A dos horas y media y tren, Silvia, Chloé, Julie y yo partimos por la mañana un poco dormidos pero animados. Paolo también quiso venir, pero la noche antes decididió irse de fiesta y acostarse a las 5 de la mañana, por lo que se quedó dormido. Sin embargo, la visita a la ciudad estuvo bastante bien, vagabundeamos y pululamos por allí, paseando por los suburbios, la "verdadera Hungría", como yo no paraba de repetir.


El ayuntamiento



Haciendo el homosexual en una de las peores calles
Y esto no acaba aquí. Hemos planeado hacer un viaje a Bratislava este fin de semana, ya que también está muy cerca, y los precios son realmente económicos. Por poner un ejemplo, el viaje a Győr en tren nos costó alrededor de 8 euros ida y vuelta.


Otra cosa que llevo haciendo unas semanas es el intercambio de idiomas. Con un chico, Krisztian, y con una mujer, Zsusza, intento parlotear el húngaro mientras ellos hablan un español bastante decente. Espero que con tiempo y paciencia pueda llegar a un nivel intermedio pronto. Sé que no sirve para nada, pero es divertido.


Cambiando de tema, seguimos sin lavadora. Los de la agencia dijeron que hoy, miércoles, vendría el tipo con la pieza. Por otro lado, el internet que nos han puesto no tiene wifi, tendremos que comprar el instrumento. Aunque no es caro, es una faena seguir sin poder disfrutar con plenitud de las maravillas de la era electrónica.


Ya ha acabado septiembre, y durante todos estos días he ido anotando en qué gastaba el dinero. Anotaba y anoto todo lo que gasto, desde la compra en supermercado hasta algun bollito que me compro en una tienda. No me malinterpretéis, gasto lo normal, no me corto en cualquier tipo de gastos, pero simplemente al llegar a casa lo apunto. Me he convertido en un pequeño contable, pero me sirve para calcular a largo plazo las posibilidades que tengo de hacer viajes. De momento he calculado que el gasto medio por día en septiembre es de unos 8 euros, descontando gastos extraordinarios como el piso y demás.

Las cosas son baratas. La leche son 60 céntimos, el kilo de macarrones algo mas de un euro, el papel higiénico perfumado (10 unidades) 1,80€. Sí, sin querer compré papel higiénico perfumado. Realmente no sé cuánto valen estas cosas en España, pero aquí no me parecen caras. Con 7 euros puedes comer una semana (vale, no es pulpo a la gallega, es arroz, pasta y huevos, pero están bien ricos)


Octubre pinta bien desde el punto de vista económico, ya que me he quedado sin florines, y como ahora el cambio es muy desfavorable, espero a que mejore. Espero y espero, y me estoy quedando sin comida en el frigorífico, ya solo me quedan 2 huevos y medio paquete de salchichas, y un limón que me encontré en una cesta. Me parece que hay que ir a comprar algo ya

miércoles, 29 de septiembre de 2010

De ropa limpia, clases y cabreos

Escribo estas líneas desde la casa de Paolo. Me he presentado sin avisar, pero la situación así lo requería: he perdido la tarjeta de estudiante y el tiket mensual de metro y necesitaba internet para contactar con algunas personas para ver si sabían su ubicación. Sin embargo, me parece que lo he perdido para siempre jamás, y aunque tiene arreglo, cuesta dinero, y eso es algo que me desagrada: pagar por lo que ya he pagado. Además, me he quedado sin florines y no quiero cambiar euros porque el cambio ahora es realmente bajo, con lo que no saldría muy rentable.

En otro orden de cosas, y tras haber dejado claro mi estado hoy día, la verdad es que, en términos generales, estoy bastante contento. La universidad, aunque con una organización completamente catastrófica, empieza a regalarme algunas buenas anécdotas. Una de ellas la constituye mi profesor de historia medieval de Hungría.

Me encontraba con Alex, un chico español de la complutense, esperando a que llegara el profesor para que nos explicara un poco cómo iban a ir las clases, ya que no tenía internet. Esto me sorprendió, y pensé que se trataría del típico viejecillo que no sabe ni donde deja la sonda. Sin embargo, resultó ser una especie de Indiana Jones medio nazi y medio loco. Vestía botas militares, gorro de cowboy y chaqueta vaquera, portaba un arma de fuego en el costado y lucía un impresionante mostacho. Una semana después tuvimos una clase con él, y, mientras engullía con pasión un enorme bocadillo, nos explicó que él enseñaba artes marciales húngaras; sable, cuchillo, hacha y palo. La clase en sí fue muy interesante, y he considerado muy seriamente participar en sus cursos de artes marciales, ya que no son baratos y pueden resultar muy interesantes.

Otra cosa positiva es que fui a una lavandería, lugar donde parece ser que se acostumbra a lavar ropa, y me devolvieron toda la ropa limpita, seca, doblada y sin mal olor. Fantástico acontecimiento para mí, ya que la puñe.... lavadora va a seguir sin funcionar un par de semanas más, tienen que pedir no sé qué pieza a la fábrica... así que nada, a joderse y a aguntarse, como se dice.

El internet sí que vendrá pronto: mañana mismo aparecerá uno de esos señores que gustan de trabajar instalando internetes, ruteres, wifíes y demáh. El precio es realmente bajo, 3 euros por cabeza, poco más.

¿Y qué he hecho durante estos días? La verdad es que no lo sé. Los días pasan uno detrás de otro, pero de cada uno podría escribir párrafos y párrafos. Muchas cosas se me olvidan y otras las oculto, pero básicamente mis jornada se basa en aparecer por alguna clase, más tarde echarme una siestecilla, y después vaya usted a saber. A veces hago la compra, a veces visito cosas, a veces voy con algún tipo que acabo de conocer a algún lado que no sé dónde está...

Por las noches veo alguna película, voy a algún bar o a alguna fiesta erasmus o flatparty (fiesta en piso). La mayoría de la gente suele ser muy abierta y amigable, y siempre hay algún simpático borrachuzo que enseña el culo, se cae de la silla, o hace alguna tontería, para mofa y burla de los que le rodeamos, observándole como si de algún extraño y exótico animal se tratase, manteniendo las distancias para evitar que nos muerda o despedace. Sólo espero que ningún conocido mío acabe en ese humillante estado.

Bueno, eso es todo. Lamento no colgar fotos, pero es que estoy en casa de este tipo, y no quiero importunar más de lo debido. Ya a partir de mañana no tendré excusa para no hacerlo, y me curraré las entradas un poco más

Buenas tardes y disfrutad de vuestra huelga general

domingo, 19 de septiembre de 2010

De idiomas, prendas y catarros

Bueno, ya han pasado unos cuantos días desde mi última entrada, y la verdad, es que no sé que escribir. Podría poner una entrada por día, ya que las jornadas son bastante intensas, pero bueno, como el internet de mi piso no da para más (es decir, el internet que robamos del wifi del bar de la esquina) Así que mejor me limitaré a escribir acontecimientos puntuales, y en el futuro ya daré más la plasta

Joanna llegó hace ya muchos días, el 11 quizá, y resultó ser una chica bastante maja, contra todo pronóstico. El único problema es que habla un excelente inglés, lógico por otra parte, ya que trabajó en Londres durante tres meses. Los erasmus nos entendemos en un idioma chapucero y cochino, la wikipedia lo llama "simple english (si no me creéis, mirad en las opciones de idioma que aparecen en la columna izquierda de algún artículo importante), y cuando uno no sabe una palabra, la dice en su propio idioma, y siempre hay algún portugués, italiano o francés que resuelve el enigma. Sin embargo, Joanna habla un inglés tan exquisito, que utiliza palabras que de otro modo yo no habría conocido nunca, como "mop", que es como los ingleses dicen a la fregona. La verdad, es una palabra que rara vez utilizaré

Otro tema es el de la limpieza. Cuando esta solo con Silvia no había problema, pero con la llegada de Joanna se han puesto de acuerdo en limpiar el piso una vez a la semana, ¡y la cocina y el baño más frecuentemente aún! Sólo yo consigo traer un poco de cordura a este caos, al negarme a limpiar más de una vez al mes, pero ellas son dos y el conflicto parece resolverse en mi contra...

Hablando de limpieza, no funciona la lavadora. Llevo ya 12 o 13 días aquí, y nunca ha funcionado. Al principio pensamos (Silvia y yo) con con la llegada de Joanna se solucionaría, pero no fue así, está rota. Hablamos con la agencia el jueves y nos dijeron que la próxima semana vendría alguien. Sin embargo, la situación era desesperada, Silvia carecía de calcetines limpios, y yo ya había visto a mis gayumbos corretear por la habitación en manadas. Así que fuimos a casa de Paolo, aquel italiano que ya mencioné, para lavar la ropa allí y ahorrarnos cuatro duros. Caminamos por Budapest con la ropa y los tenderetes para secarla, para sorna y mofa de viandantes y conductores. Allí lavamos la ropa estupendamente, y regresamos a casa sin ella para dejarla secar en la habitación del pobre italiano. Sin embargo, al día siguiente, Paolo olvidó abrir la ventana al marcharse a la universidad, de modo que la ropa ahora huele fatal, casi peor que antes. Por los menos los calzoncillos y calcetines se salvan

Ya he aparecido por la universidad, la verdad es que es todo bastante chapucero. Ignoro si debido a las pequeñas dimensiones de la universidad o a alguna razón de índole judeo-masónica, pero desde luego las cosas no están tan claras como deberían. Mañana empiezo con las clases, aunque aún hay que hacer muchas estupideces burocráticas. ¡Quién me iba a decir que sería más complicado los papeleos de aquí que los que hice en Madrid! Desde luego, no nos podemos quejar, no os podéis quejar, de la burocracia española: tampoco está tan mal.

En referencia a mis viejos compchiches (je-je), no he vuelto a ver a las "chinches", sin embargo, la idea de mi tío de un gulash erasmus me sedució, y, envalentonado al no tener otra cosa que cocinar, intenté  hacer algo similar. Ahí va:

Erasmus gulash. Ingredientes:

Patatas
Carne picada
Sal

Se pelan las patatas, y como no tienes aceite (ni mantequilla) y no sabes dónde están los cazos, las echas a la sartén, ahí a lo loco. Echas agua en un vano intento para que se cocinen por dentro. Luego se echa la carne picada y una pizca de sal. Y voilá

                                                            Estaba cojonudo



Por otro lado, se está constituyendo un grupo, más o menos definido, de amigotes que nos juntamos habitualmente. Principalmente somos de Italia, España, Francia, Portugal, Alemania, Polonia... Bélgica... y algún otro país, aunque no siempre somos los mismos. Hicimos una cena "española" (con tortilla de patatas sin sal, gazpacho, sangría y pantumaca) en nuestro piso. Ahí va una foto con algunos interesantes, a destacar la magnífica porte de Paolo, probablemente la persona más divertida que he conocido en mi vida.



Y sólo me resta contar que me he comprado una chupa de cuero, también de segunda mano, y que me he medio acatarrado, debido a que el tiempo es realmente horripilante, y yo demasiado imbécil como para comprarme un paraguas tras ua semana de lluvia. Sin embargo, no cuento más porque estoy aburrido de  escribir, y supongo que vosotros de leer, así que nada.

Espero tener internet esta semana, y poder acceder a las clases ya. Ya iré contando

viernes, 10 de septiembre de 2010

De gestiones y búsquedas

De noche no se escuchan muchos ruidos. Tampoco pasa mucha luz a través de las cortinas, aunque una de las persianas no baja del todo.

Digo esto porque me ha tocado, por elección popular (es decir, donde me han puesto, al fin y al cabo, las féminas son las féminas, las que mandan), la habitación de la cama del fakir. Sin embargo, en una muestra de ingenio sin precedentes desde la invención de la teja, lo he arreglado poniendo una colcha debajo del cubrecama, de forma que actualmente se puede disfrutar de un fantástico y cómodo lecho. Lecho que, por otra parte, ya he compartido. Mis compañeros resultaron (ya no les veo, desde ayer) una especie de uñas con patas, asemejándose a insectos, pero sin serlo, ya que ningún artrópodo, anélido o díptero les puede equiparar en velocidad y repugnancia. Su celeridad es pasmosa, y tienen la loable capacidad de trepar paredes, además de una envidiable habilidad para esconderse. He liquidado a unos cuantos de ellos, llámenme nazi, pero han muerto por ser lo que son, en realidad no me habían hecho nada. Ya digo que hace unos días que no les veo, así que creo que he ganado la batalla.


Estos días he estado haciendo gestiones por la mañana y conociendo gentes y lugares por la tarde. El primer día, conocí a varios chicos muy majos: un italiano, un belga, una húngara, una checa y un montón de franceses. Comimos una "cena italiana" que no estaba nada mal, preparada por el afable italiano, denominado Paolo, cuya simpatía no se corresponde con su estatura.

Al día siguiente conocí a más franceses, y tanto las noches de hoy como ayer he estad en casa, pues la cantidad de agua que nos proporciona el cielo hace que sea preciso tomar algún bote para ir a cualquier parte. Sin embargo, aún me las he apañado para conocer a españoles, alemanas y portuguesas

Sin embargo, ya he comprado algunas cosas personales y útiles. Un móvil húngaro ha sido la adquisición de hoy, gracias a la inestimable ayuda que una chica húngara de mi universidad me brindó. Se llama Csilla (/chila/), y es, por así decirlo, una de las que ayudan a los ingenuos erasmus que, como yo, pretenden andar por Budapest sin suficientes conocimientos de húngaro.

Otra adquisición importante fue el abrigo. Para aquellos que no lo sepais, vine a este país sin ropa de invierno, pues la mía estaba muy desgastada, y esperaba encontrar algo más barato. Sin embargo, todas las tiendas (las mismas que en España -pullandbear, h&m...-) eran carísimas y ofrecían prendas que no me proporcionaban suficiente aislamiento térmico. De modo que, perdiéndome absolutamente por la ciudad, llegué a la plaza Oktogon, donde me compré un abrigo en una tienda de segunda mano. No es muy bonito, pero funciona.

Las últimas gestiones importantes fueron las relativas a la égyetem, a la universidad. He conocido a una profesora que habla español, de gran simpatía, y a la coordinadora erasmus, de gran envergadura. Parece ser que no tendré más relación con ellas hasta el día 17, cuando será la reunión inaugural. La verdad es que tengo ganas de que llegue el día, porque no tengo nada que hacer hasta entonces. Absolutamente nada, aparte de visitar la ciudad.

Un excelente aliciente para el descubrimiento de la urbe son las visitas guiadas que ofrece la universidad Corvinus, donde estudia Silvia. Aunque no soy de esa universidad, hoy he participado en una de las visitas, de strangis. Excelente por un lado, aunque pasada por agua, ya que la puñ***** lluvia de los jod**** coj**** nos la ha amargado, llegando al punto de acelerar su conclusión. Sin embargo, se ha disfrutado la visita a Buda, que todavía no había pisado, ya que todo (casa, universidad, supermercado) está en la pestilente Pest.

Para concluir simplemente citar que mañana viene Joana, y estamos algo inquietos ante las ideas que puede tener acerca de las habitaciones. Prepararemos una cena española para apaciguar a la bestia, si es que resulta serlo. In´shall´ah, no lo es

martes, 7 de septiembre de 2010

Desorientado pero confiado

Localización: Hotel en el centro-norte de Budapest.
 Hora local: 17:05.
Humedad: Mucha, llueve
Peligros: húngaros desconfiados y hordas de turistas germánicos, anglosajones o nipones



El vuelo fue un coñazo. Así, sin más, aunque fue divertido ver por primera vez que te ofrecían bocadillos y bebidas gratuitas. Llegué a Budapest casi sin retraso, cogí la maleta, y busqué al chófer. Había varios maromos de dos metros, trajeados, con carteles impresos y plastificados donde escribían el nombre de las personas que buscaban. También varias chicas, altas, jóvenes y delgadas, portaban más carteles con letras en cursiva. Detrás, un viejecillo leía el periódico, mientras con la otra mano sujetaba un cartel hecho a mano donde se leía "Mr Domínguez". Me sentí igual de importante que cualquiera, eso sí.

Conversamos durante todo el viaje, era un hombre muy simpático, que me aclaró algunos términos húngaros. Hablaba de las cosas que ver en Budapest y de lo mucho que se está construyendo en ella (curiosamente, cuando fui a Marruecos, también remarcaban, aunque muchísimo más, que se estaban construyendo un montón de cosas). Me acompañó hasta el mismísimo mostrador del hotel y, tras comprobar que mi reserva estaba bien, me dio su tarjeta y se marchó. Un hombre muy majo, sin duda

Sin embargo, ahí acabó lo bueno. Me compré un billete de una semana de metro y el resto del día estuve vagabundeando por la ciudad. Me perdí en numerosas ocasiones, intenté contactar con la gente del piso, no me aclaraba con las monedas, y entre pitos y flautas, me entró hambre. Estaba asustado, todo el mundo me parecía hostil, los veía como amenazas, y la ciudad me parecía horriblemente fea, aunque no lo era. Estuve hora y media buscando algún sitio donde comer, pero estaba en el distrito V, el más caro de Budapest, así que las cosas no pintaban bien. Acabé comiendo poco y caro en un sitio de guiris por pura desesperación, aunque eso sí, la comida muy buena.

Cansado y dolido por el desembolso económico, me fui a dormir muy pronto, no sin antes ver canales de media europa en la tele del hotel.

Hoy he amanecido a las 6:30 en la décima planta de un hotel en Budapest, aunque las vistas no son muy buenas. Tras ducharme y vestirme, bajé a desayunar, deseando aprovechar al máximo el desayuno y quitarme el hambre del día anterior definitivamente. Sin embargo, ¡qué lejos estaba de la realidad! Esta gente considera desayuno cosas como el salami, la mortadela o los macarrones con queso. Había una máquina de té donde hordas de anglosajones se agolpaban para conseguir una taza, y una máquina de zumo aguado era custodiada por animados germanos que siempre revoloteaban a su alrededor. Completaban el cuadro algunos ruidosos españoles e italianos, y unos cuantos japoneses que se comportaban como si estuviesen ante el mismísimo presidente. Empujándome entre ellos, logré hacerme con una tostada,, unos huevos revueltos, unas cuantas naranjas y otra fruta que ignoro como se llamaba, pero estaba tan desesperado por conseguir algo que no fueran macarrones con queso que la tomé sin dudar.

Paseé un rato por la ciudad, me volví a perder, y decidí llamar a la chica compañera de piso, perdiendo varias monedas que se tragó la máquina. Quedamos poco después, y tras comprobar que el rectorado de mi universidad estaba cerrado, acudí a la cita.

Resultó ser una catalana, contra todo pronóstico (ya dije que yo esperaba, además de la polaca, un francés o una china). Es una chica alta, enérgica y medio hippiosa, responde al nombre de "Silvia", y también al de "tú". Juntos fuimos a la agencia a conseguir las llaves, firmar lo que hubiese que firmar y demás chorradas. Desgraciadamente, las cosas se compicaron, y al final acabamos en la universidad de esta chica consiguiendo no se qué información sobre alargar la estancia y demás. Resumiendo: probablemente esté 9 meses, pero quizá sólo pueda 6. De todas formas, no es mi problema, no pienso pagar ni euro más si los 3 últimos  meses no está. Comimos en una especie de kebab húngaro donde nos trataron fatal (ya hablaré sobre el comportamieto húngaro cuando les conozca un poco mejor) y volvimos a la agencia

Nos dieron las llaves y vi el piso por primera vez. Es raro, muy grande, pero carece de salón. Por lo que dice Silvia, que ha visto como 6 ó 7 pisos en esta ciudad, casi ninguno tenía salón, ya que estaban pensados para estudiantes y lo que buscan es optimizar precios. Por eso (quizá me arrepienta, Bea) he decidido aceptarlo. Aunque eso sí, la cocina es grande, con salón y tele. Las habitaciones son grandes, aunque las camas no pueden recibir tal nombre. Una se asemeja a la cama de un fakir persa, la otra es una especie de pantano bielorruso donde te hundes como el Titanic.

Y eso es todo, no pongo más porque no ha pasado más, lo escribo rápido y mal porque no tengo batería en el ordenador, y lo pongo ahora porque no sé si tengo internet allí. De todas formas, szia!